Deporte al portador

Mohamed, el 'Piojo', la Selección…

No me quedó buen sabor de boca luego del partido de la gran final de la liga MX, la semana pasada. Y no lo digo para seguir —a destiempo, por si fuera poco— con el desmedido linchamiento del Piojo, un tipo que me cae muy bien, sino porque me pareció que el juego del América en un momento decisivo podría ser, por la mera fuerza de las cosas, el juego de la Suprema Selección Nacional de Patabola en circunstancias tan igualmente determinantes. Una mera corazonada, si ustedes quieren, o una predicción tan infundada como arbitraria.

Las Águilas jugaron muy bien al futbol. El problema es que no tuvieron fortuna frente al arco rival. Y, en el balompié lo que cuenta son los goles. Pero, un pequeño detalle, con el perdón de los seguidores del León: ¿cómo es que estuvieron los americanistas tantas veces ahí, tan panchos, en la mismísima puerta de esa portería tan fieramente defendida por William Yarbrough que, justamente por ello, se convirtió en uno de los grandes protagonistas del encuentro? O sea, ¿qué tan vulnerable es la defensa de los Panzas Verdes? Y, luego entonces ¿qué tan diferente hubiera sido el marcador final si los delanteros azulcrema hubieran tenido mejor puntería?

Estas preguntas ya no tienen mayor relevancia ahora pero nos sirven para poner las cosas en cierta perspectiva: no estaríamos entonces hablando de un posible mal planteamiento estratégico de Herrera sino de una mera circunstancia en la que no sólo no le responden sus jugadores (o, como en el caso del disparo de Mendoza, no tienen a la fortuna de su lado) sino que no toman ventaja de las evidentes deficiencias del equipo contrario.

En fin, ahora llega Antonio Mohamed al llamado “nido de Coapa” y su arribo ha despertado toda clase de comentarios: que no es comparable un equipo como Xolos al América, que sus logros no pueden ser replicados en un conjunto de mayor relumbrón, que le falta experiencia global como entrenador, que esto o que lo otro. Pero, en cuestión de personalidades, es un tipo de arrestos como el Piojo. Hay que darle media docena de partidos para comenzar a evaluarlo con justicia.

En lo que toca al numerito de Herrera frente a la prensa, el hombre se dejó llevar por su temperamento. No le pasó por la cabeza, en esos momentos, que es el representante de la Selección mayor de un país y, por lo tanto, que sus modos necesitan ser más cuidadosos, por no decir refinados. Pero, con el tiempo todo se aprende.

Feliz Navidad a ambos, a Mohamed y el Piojo, y a todos los lectores. 

revueltas@mac.com