Deporte al portador

Todos contra México

A la Copa Oro vamos de víctimas. ¿Y tú, de qué vas? —pregunta el de la canción. ¿Yo? Voy de mártir, responde el máximo representante de la Suprema Selección de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos). Bueno, se corrige y suelta: mis futbolistas son los que van de sacrificados. Y el otro (el de la canción), de nuevo, inquiere: pero, ¿por qué? Ah, pues porque les van a atizar montones de patadas, leñazos, codazos, hachazos, empellones y pisotones. Y, no quiero hablar de esto, pero los árbitros no van a silbar las faltas, no van a meter las manos, van a dejar que los adversarios de México se ensañen, que den rienda suelta a su agresividad, que amedrenten e intimiden a nuestros jugadores. Así es esto. Ya lo sabemos. Ni modo…

Todos contra nosotros, oigan ustedes. Y, por las malas, arteramente, con ganas de romper huesos y ligamentos. Ya lo vieron, el otro día, contra Honduras, cuando el Chicharito se cayó, luego de un encontronazo con Brayan Beckeles, y se fracturó la clavícula. Ahora bien, si lo piensas, los futbolistas se caen todo el tiempo. Es lo contrario del box. En un ring, como no te debes caer porque pierdes la pelea, pues, no te caes. La gran mayoría de los boxeadores aguantan, ahí sí, como verdaderos mártires: puñetazos a la mandíbula, ganchos al hígado, cabezazos. Y, caramba, se mantienen en pie. Por el contrario, casi cualquier futbolista, si le soplas en la nuca, se desploma como si lo hubiera partido un rayo. Es lo normal, vamos. Y, bueno, te caes, digamos, unas cincuenta veces y no pasa nada. Te caes cien, y tampoco. Pero, a lo mejor, en la centésimo cuarta caída te destrozas la tibia y el peroné o te desgarras el tendón de Aquiles. Es la ley de las probabilidades. Ayer, Di María se rompió luego de una cabalgata de 70 metros; o, a lo mejor fue el leñazo que le asestó Aránguiz, a diez minutos de comenzado el juego, y que el señor árbitro se tragó sin que se le viera siquiera el intento de mostrar una amarilla, cosa que no se entiende porque el jugador no era mexicano sino argentino de cepa pura.

En fin, estamos pues avisados de que los demás, los caribeños y los centroamericanos que participan en la mentada Copa Oro, van a ser muy rudos con los indefensos muchachos de la Selección de Miguel Herrera. Pobres de nosotros. Y, así las cosas, ni hablar de meter goles y ganar partidos. Es también un misterio el tema de Estados Unidos (de América). ¿A ellos no les van a soltar puntapiés y porrazos? Qué injusticia…

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