Deporte al portador

Los errores arbitrales de siempre

Una vez más, el futbol se manifiesta como un teatro de injusticias, desigualdades y e incompetencias marcado fatalmente por el signo del azar. Miren ustedes lo que fue ese encuentro de la Champions League entre el rocoso Atleti y el exquisito Barça: un partido interesante, desde luego, pero marcado por un grosero error arbitral, una mano de Gabi en el área que, de haber sido señalada como lo que era —un penalti, señoras y señores— hubiera llevado el partido a las prórrogas reglamentarias y ahí, con toda seguridad, a un desenlace diferente. O, no... Es imposible saberlo pero la actuación de Nicola Rizzoli (uno de los mejores árbitros de Europa, miren ustedes) sí tuvo consecuencias directas en el resultado, más allá de que Messi hubiera podido fallar el tiro penal o de que en los 30 minutos adicionales los colchoneros anotaran dos tantos más.

En el futbol también importan muchísimo los estados de ánimo y ese penalti ocurrido en el minuto 90, cuando los pupilos de Simeone se sentían ya ganadores, hubiera sido un balde de agua fría. Ni hablar de lo esperanzador que resultaría para un Barça que ya estaba comenzado a retomar las riendas del partido y que se hubiera crecido al beneficiarse de una suerte de intervención divina en los últimos instantes del partido. El Altísimo, sin embargo, tomó la decisión de que fuera un yerro humano lo que determinara el desenlace final y se encargó directamente de obnubilar el entendimiento del antedicho árbitro.

En los párrafos anteriores figuran varios verbos conjugados repetidamente en pretérito pluscuamperfecto, un tiempo compuesto en el que el auxiliar "hubiera", como bien lo sabemos, no existe. Dicho más sencillamente y de forma coloquial: "el hubiera no existe". Pero la injusticia, bajo la forma de descomunales errores de apreciación o de deliberadas omisiones, sí que es bien real. Y, en este sentido, uno de los grandes atractivos del futbol viene siendo, paradójicamente, esa vinculación tan directa que tiene con los aconteceres de lo humano y con la vida misma, o sea, con la experiencia de la injusticia y los insondables misterios del destino. En el futbol interviene muchísimo la suerte —el balón pega en el travesaño o el tiro del crack sale por pocos centímetros— y se aparecen también los personajes de siempre de la novela: el tramposo, el abusivo, el noble, el generoso, el esforzado, en fin...

Poner cámaras y repetir jugadas será más justo. Pero, menos poético...


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