Deporte al portador

¡La Liga MX es desaforadamente democrática!

Aquí cualquiera gana, señoras y señores. No hay competición futbolística, en este rincón del universo, en la que los favoritos caigan tan fácilmente ante los presuntos segundones y en la cual un club irremediablemente modesto logre puntuar, semana a semana, hasta colocarse, así de temporalmente como pudiere ser, en los puestos más altos de la calificación. Luego entonces, yo proclamo: ¡Viva la Liga MX!

No me digan ustedes que esta incertidumbre programada (o, pensándolo bien, no tanto) no es la cosa más emocionante que pueda existir en el deporte: no hay favoritos, no hay equipos mandones (es decir, pretenciosos, altaneros y arrogantes), no hay apuestas predecibles y no hay resultados que se puedan anticipar (como un Real Madrid-Elche, digamos, en la Copa del Rey). O sea, que no hay certezas: el último de la tabla le puede ganar al aspirante a primero de la temporada aunque éste haya sido el supremo poseedor del inmarcesible Título del torneo anterior.

Algunos comentaristas, enrabietados, denuncian la mediocridad del futbol mexicano y señalan que esto, lo de que los triunfos se repartan entre todos (una muestra deslumbrante de democracia deportiva, a mi entender), es un síntoma de pequeñez e insignificancia. Pues, no: estaríamos hablando, más bien, de que el nivel ha subido tanto que cualquier pelagatos le puede plantar cara al más pintado.

Ahora bien, así las cosas, ¿qué querríamos? ¿Una Liga, como la española, dominada fatalmente por dos equipos avasalladores, financiados por patronos riquísimos y, por lo tanto, colocados a una distancia sideral de todos los demás? ¿Dónde quedaría, entonces, la emoción, la esperanza —para los aficionados— de que su pequeño club pudiera colarse hasta las etapas finales y, una vez ahí, disputar el título y consagrarse como el gran ganador?

Otra cosa: para los perdedores de siempre —una categoría en la cual cada uno de nosotros nos podríamos incluir, con el perdón de ustedes— resulta muy reconfortante el hecho de que los de "arriba" no logren colocarse, precisamente, en lo más alto de la clasificación: ni América ni Chivas (bueno, éste es otro caso) ni Pumas ni Cruz Azul —por no hablar que de los equipos presuntamente "grandes"— dominan una competición en la cual unos Tigres o unos Xolos pueden llegar a conquistar los máximos laureles.

Yo digo que, en vez de denigrar, nos dediquemos a disfrutar los vacilantes placeres de la incertidumbre. Pues eso...


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