Deporte al portador

Lealtades mal entendidas en el futbol

Los aficionados, según parece, no podemos chaquetear. Eres Puma o Chiva hasta la muerte, sí señor. Y esa querencia te viene de lejos: de cuando eras niño y que, por alguna extraña razón (o, más explicablemente, por seguir una tradición familiar), los colores de un equipo se volvieron para ti un asunto entrañable. Aunque, a veces, hay hermanos enemigos en la misma casa, uno que adora al becerro de oro y otro que idolatra al dios verdadero. Encima, si son adversarios históricos cada uno de ellos, mal asunto: la división sentimental entre un seguidor del Barça y otro del Madrid, por poner un ejemplo, es irremediable. Casi como la distancia que separa a un trasnochado comunista de un ferviente neoliberal. No hay clemencia ni perdón.

Muy bien, la pasión del partidario es innegociable y, como decía, no se supone que deba cambiar. Pero, a ver, un profesional —es decir, una persona que se gana la vida jugando en un equipo o como parte del cuerpo técnico—, ¿debe también mantener una fidelidad eterna al club en el que se desempeñó por vez primera, al comienzo de su carrera? No lo creo, señoras y señores, porque la realidad misma desmiente todos los días este posible principio: hay entrenadores que han estado fácilmente en media docena de equipos y en estos pagos se organiza, cada que toca, ese llamado draft de jugadores donde los patrones de los equipos negocian, a sus anchas y sin pedir la opinión de los futbolistas, traspasos y préstamos. Para mayores señas, en el pasado mes de diciembre hubo 52 traspasos de jugadores por un monto de más de 400 millones de pesos (una cifra que parece respetable pero que no tiene absolutamente nada que ver con las sumas colosales que se manejan en el futbol europeo lo cual, con perdón, explicaría un tanto la abismal diferencia de nivel entre un balompié y el otro).

Pero entonces, ¿cómo es que los seguidores del equipo León repudiaron ayer a Matosas por haber aceptado la dirección técnica de las Águilas y le arrojaron billetes falsos a la cancha? Pues, es otra exhibición de la crispación que vivimos en este país, estimados lectores, y una muestra de que mucha gente no entiende siquiera lo que significa ser un profesional. Esto, lo del futbol, no es una religión ni tampoco se compara con los sentimientos patrióticos. Cada cosa en su lugar. Y lo más curioso es que el América no es ni siquiera el rival histórico del equipo de León. Vaya ridiculez y qué ganas de ser majaderos a lo tonto. Digo…

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