Deporte al portador

Juegos Olímpicos: un fracaso anunciado

Se acerca la cita olímpica. Y, a decir verdad, el panorama no parece demasiado esperanzador. Tenemos, en este país, una falla de origen en lo que se refiere a la organización deportiva: las Federaciones, tuteladas por el Comité Olímpico Internacional (COI), reciben ingentes cantidades de dinero del Estado mexicano pero, en lo que viene siendo una historia más de manejos personales y patrimonialistas de los recursos públicos, no sólo no rinden cuentas claras sino que tampoco ofrecen unos resultados mínimamente correspondientes a las colosales sumas que se embolsan. De ahí la pugna entre Alfredo Castillo, presidente de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), organismo oficial del Gobierno de la República, y Carlos Padilla Becerra, mandamás del Comité Olímpico Mexicano.

La Carta Olímpica, donde se sustentan los principios fundamentales, las reglas y los estatutos del movimiento olímpico, prohíbe que los Gobiernos de las naciones soberanas se entrometan en los asuntos de las Federaciones deportivas avaladas por el COI. Muy bien, a cada quien sus atribuciones y a cada quien su debida y presuntamente merecida autonomía. Lo que no deniega el mentado documento es que las antedichas Federaciones puedan llenar sus arcas con la plata de los bolsillos de los sufridos contribuyentes. Y ahí, justamente, es donde está el problema tratándose de un país, como México, en el cual, lo repito, la opacidad en el manejo de los fondos públicos —más allá de las leyes de transparencia y de los organismos que intentan que se apliquen— es una especie de gran epidemia nacional. Dicho de otra manera, nos encontramos con el mismo problema de siempre, a saber, la falta de probidad de quienes administran dineros que no son suyos, que no se los han ganado con el sudor de su frente y que, al serles generosamente confiados por papá Gobierno, no parecieran necesitar de los rigores que imperan cuando lo que pierdes, o dilapidas irresponsablemente, son los caudales de tu propia hacienda.

El señor Castillo hablaba, si mal no recuerdo, de la astronómica cifra de 53 mil millones de pesos facilitados, en estos últimos años, a unas Federaciones que no ofrecen las debidas comprobaciones de sus gastos ni que los justifican como mandan las leyes aplicables a los organismos gubernamentales. Y, bueno, qué podemos esperar, en materia de resultados deportivos, cuando las cosas están así. Limpiar la casa olímpica, en México, parece todavía más difícil que sanear el resto del edificio público.  

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