Deporte al portador

Los Juegos Olímpicos en la computadora

Resulta que la televisión pública es la que está trasmitiendo ahora los Juegos Olímpicos de Sochi. Y no hace nada mal papel: ni más ni menos que el canal cultural del Estado mexicano es el que incursiona en el terreno de los deportes y nos demuestra, a los telespectadores, que el profesionalismo es una virtud de tiempo completo, trasladable a todos los campos posibles.

Y, bueno, ahí está Clarosports, adentrándose también en el mundo de las grandes cadenas televisivas y anticipándonos, en espera de lo que dispongan los órganos rectores de las telecomunicaciones en este país, lo que puede ser la futura programación de un nuevo competidor en el sector audiovisual.

En este último caso, hay algo que se agradece, más allá de las bufonadas y otras extravagancias que gusten de escenificar los productores para sentirse a la altura de las cadenas del duopolio televisivo: la posibilidad de mirar las competencias completas, sin el habitual bombardeo publicitario, y con el ritmo propio que tienen.

Es decir, que las imágenes que te llegan a la pantalla te hacen sentir como si estuvieras en el estadio en lugar de constituir esa suerte de revoltijo, arbitrariamente seleccionado, que te administran habitualmente las televisoras de siempre y en el cual, sin posibilidad alguna de elección, te toca un pedacito, digamos, de la carrera de los 100 metros, otro trocito del lanzamiento de jabalina, unas fugaces tomas del tiro al arco (estoy hablando, naturalmente, de los Juegos de verano) o una eliminatoria cualquiera donde el único criterio es que participa el mexicano de turno aunque sus posibilidades de medalla sean mínimas, por no decir nulas.

Esto, en sí mismo, es una ventaja que yo en lo personal juzgo incomparable en relación a una televisión abierta que, por su propia naturaleza, no tiene los espacios suficientes como para sacrificar su programación habitual, por decirlo de alguna manera, brindando esos tiempos muertos y esos instantes de realidad pura de que están hechas todas las competiciones.

Luego vienen los resúmenes y los comentarios. Es decir, luego hay una inevitable oleada de apreciaciones más o menos tontas, gracejadas, torpezas y frases poco afortunadas. Y es que, señoras o señores, no cualquiera puede ser un José Ramón Fernández (mis respetos, señor) ni un Francisco Javier González (lo mismo: vaya tipo sensato y enterado). Pero, mientras tanto (y, por poco que conectes la compu al televisor a través de AirPlay de Apple TV o con un cable HDMI) , estas transmisiones son perfectamente disfrutables. Pues eso. 

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