Deporte al portador

Ir o no ir a la Copa América

Es evidente que el calendario de las grandes competiciones futbolísticas de este continente no se acomoda a los tiempos de nuestra Suprema Selección Nacional de Patabola. En primer lugar, doña Concacaf, la mafia —que diga, la asociación regional— que rige los destinos del balompié mexicano, impone unos compromisos y unas fechas que los insaciables directivos locales están obligados a respetar. Luego viene todo lo demás. Ni modo.

Ahí tenemos, para mayores señas, esa mentada Copa de Oro en la que estaremos obligados a participar dentro de algunos días, enfrentándonos a potencias como Cuba, Guatemala y no recuerdo cuál otra. En la gran final de este torneo, solventados ya los molestos e infructuosos trámites de las primeras etapas, tendremos que jugar, ahí sí, contra el muy intimidante equipo de Estados Unidos (de América) o, si toca, contra una Costa Rica que parece también totalmente temible, imponente y avasalladora. Si, llegados a esas alturas de la competencia, logramos una victoria histórica e inmarcesible sobre cualquiera de esos dos conjuntos, entonces debemos todavía enfrentarnos a cara de perro con nuestro rival de siempre, USA, para obtener el pase a la codiciada Copa Confederaciones. Éste es el primero de los compromisos que tenemos en 2015, tan ineludible como obligatorio.

Ah, pero somos parte del continente americano y existe también una tal Copa América que, más allá de que la jueguen las naciones afiliadas a la otra mafia —que diga, la otra confederación— y de que no sea una competición propiamente continental porque nosotros, los de América del Norte, participamos meramente como invitados, nos resulta también lo suficientemente deseable y apetecible como para mandar a una suerte de representante del equipo nacional a que se aparezca en Sudamérica para exhibirse ante conjuntos como Brasil, Argentina, Colombia o Ecuador. Y, bueno, en ocasiones hemos hecho un papel decoroso y en otras, como anteayer (y como en la edición pasada), hemos meramente mostrado las miserias de nuestro futbol.

Ahora bien, la opiniones están divididas: algunos comentaristas dicen que no deberíamos de asistir a la cita suramericana si no están los mejores futbolistas; otros, afirman que sirve de experiencia a los muchachos que sí participan. Pues, me viene a la cabeza una pregunta: ¿necesitan todavía más fogueo unos jugadores que se desempeñan en equipos profesionales? ¿Sí? Pues, qué oso… 

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