Deporte al portador

El Gran Circo en México

Los escándalos de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) terminaron por salpicar no solamente a su antiguo mandamás, el mentado Sepp Blatter, sino que se llevaron de corbata al mismísimo Michel Platini, de quien se dice que es un tipo honesto a pesar de que se embolsó tan alegremente los dos millones de dólares que el suizo le facilitó a cambio de unos servicios profesionales no enteramente explicados. Y, bueno, no nos queda tampoco muy claro por qué demonios se va a celebrar un Mundial en Catar, un país que, por las infernales temperaturas que tiene en verano, no hubiera nunca debido figurar siquiera como candidato para llevar a cabo el torneo deportivo de mayor impacto en el planeta. ¿Será, como se rumora, porque los cataríes repartieron sustanciosas comisiones entre los augustos miembros del COI, los privilegiados federativos encargados de la misión de conceder graciosamente la sede a los distintos aspirantes? No lo sabemos pero, miren ustedes, más allá de las sospechas, resulta que hasta las fechas de la competición se han cambiado: tendrá lugar del 21 de noviembre al 18 de diciembre de 2022, durante el invierno septentrional, lo que impactará directamente los calendarios de todas las ligas futbolísticas de los países participantes. ¿Qué pasará con los torneos largos? ¿Se interrumpirán durante un mes entero? No cabe duda que esos cataríes son muy influyentes, oigan ustedes.

En lo que toca al Comité Olímpico Internacional, circula también la murmuración de que otorga las Olimpíadas a las ciudades que sueltan espontánea y desinteresadamente una jugosa gratificación aunque ahí la cosa se entiende menos porque, según parece, ya ni siquiera dejan ganancias sino puras deudas (pregúntenle a Brasil).

Lo cual nos lleva, justamente ahora que se celebra el Gran Premio de F-1 en Ciudad de México, a la Fédération internationale de l’automobile (FIA), la organización sin fines de lucro que tutela y reglamenta las diferentes categorías de las competiciones automovilísticas. Ahí, las cosas parecen estar muy claras. El gran negocio, sin embargo, lo lleva Bernie Ecclestone, el patrón de la Fórmula 1, una auténtica corporación multinacional. Las condiciones para tener una carrera son tan draconianas que la propia Alemania ya no la celebró este año y la histórica competición de Monza ha estado en la cuerda floja. Supongo, sin la menor intención de aguar la fiesta a los aficionados, que aquí nos sobra el dinero. ¿O no?

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