Deporte al portador

Futbol mexicano: los dueños mandan

¿Qué tanto se puede dar crédito a un árbitro en el futbol mexicano? Pues, señoras y señores, los jueces son los individuos más cuestionados en el deporte más popular de esta nación. Pero, ¿son tan malos? ¿Tan ineptos? ¿Tan perversos? ¿Tan corruptos? ¿Tan incapaces?

No lo creo. La gente —y los directivos y los dueños y los mismísimos futbolistas— se ha tragado el cuento de que no se desempeñan con la debida integridad: están bajo sospecha y, en una sociedad, como la nuestra, que se solaza en la desconfianza y la sospecha, serían los emisarios privilegiados de la trampa, el fraude y la ocultación.

Ahora bien, me permito lanzar el desafío, a cualquier humano debidamente dotado de capacidades y aptitudes, de que se plante en una cancha y de que intente siquiera enterarse de lo que está ocurriendo durante un partido de futbol: les apuesto, a todos ustedes, de que no sería capaz de registrar, percibir o apreciar ninguna de las acciones que nosotros —esos aficionados cómodamente apoltronados delante de una pantalla televisiva en la cual nos ofrecen detalladas repeticiones de cada jugada, desde todos los ángulos y en cámara lenta—consumimos sin siquiera reconocer el hecho de que somos unos verdaderos privilegiados, es decir, sujetos a los que se les brinda una reproducción de circunstancias reales que no está en lo absoluto al alcance, ya no digamos de un juez en la cancha, sino de esos aficionados que tan exigentes parecen a la hora de exigir cuentas en el estadio.

O sea, que el acaecimiento de que cierto individuo particular se ponga muy agresivo —como ese señor Kuri, dueño de los Tiburones de Veracruz— y de que arremeta violentamente contra Edgardo Codesal, uno de los mandamases de la Comisión de Arbitraje de nuestro futbol, no es más que otra manifestación de rústica intolerancia y una muestra más de que, en este país, muchos patrones de los clubes no se sienten siquiera obligados a respetar las reglas del juego, dicho esto en el más estricto sentido de la palabra.

Mientras el futbol —en México y en el mundo entero— siga siendo un deporte determinado y sancionado por la apreciación de jueces irremediablemente limitados en sus capacidades de apreciación, la polémica existirá. Es decir, no habrá justicia verdadera. Pero, por lo pronto, a algunos personajes (dueños) habría que mandarles el aviso de que aprendan a comportarse. Pues eso.


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