Deporte al portador

Futbol para los fieles paisanos

En el resto del mundo, estas fechas FIFA sirven para que los equipos nacionales se clasifiquen: el jueves 6 de octubre, Brasil aplastó a Bolivia; el viernes 7, Bélgica le pasó por encima a Bosnia y Herzegovina (4-0); ayer, Alemania le metió tres goles a República Checa; y, hasta el próximo martes 11, habrán jugado, entre otras selecciones, Francia, Japón, Argentina, Congo, Egipto, Armenia, Ecuador, Israel y Finlandia.

Muy bien, mientras tanto, aquí no hubo competencias porque nosotros estamos ya fantásticamente metidos en la Fase 5 del proceso para estar en Rusia 2018: el torneíto Hexagonal, que comenzará en noviembre, donde se otorgarán generosamente 3 plazas directas y otra en la que te vas a jugar el pase con algún segundón de Oceanía, o algo así.

Pero, entonces, ¿qué hacer en un fin de semana donde todos los demás equipos del mundo están arriesgando el pellejo en partidos de verdad? Pues, armas un encuentro contra Nueva Zelanda, faltaría más. ¿Dónde? En Estados Unidos (de América), desde luego, porque la afición de allá es nobilísima y llena los estadios cada vez que nuestros connacionales osan profanar con su planta el suelo norteamericano mientras que los seguidores de aquí, de Estados Unidos (Mexicanos), a veces se muestran un poquitín reacios a los llamados de los mercaderes futbolísticos y no hacen funcionar como Dios manda la caja registradora.

Nueva Zelanda está situada en el lugar 88 de la clasificación de la respetabilísima Fédération Internationale de Football Association mientras que México, a pesar de todos los pesares, ocupa el puesto 15 pero, como decía, rivales de más pelaje como Kasajstán (83), Uzbekistán (49), Ghana (43), Albania (40) o Uganda (65) no estaban disponibles.

¿Cómo estuvo el partido? Pues, qué podemos decir. El señor Osorio volvió a experimentar con un sistema diferente en la defensiva e hizo lo que pudo considerando que no estuvieron muchos jugadores que hubieran debido estar y que no dispuso más que de un par de entrenamientos para poner a punto la maquinaria. Dicho en otras palabras, vimos un encuentro totalmente intrascendente, olvidable y pastoso.

Ah, pero los mexicanos de Tennessee acudieron al llamado. Y se fueron luego a casa a celebrar el triunfo de los suyos y a experimentar, por un día, el orgullo de pertenecer a un país que siguen llevando en el corazón, a pesar de la distancia y de las durezas de lo cotidiano. Eso, bien que vale un partido de futbol contra Nueva Zelanda. 

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