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F-1: ¿Una competencia de máquinas?

Los verdaderos superhombres, según parece, no serían los pilotos de la F-1 sino los que compiten en los ralis (equivalente castellano del plural rallies, con perdón). Pero, más allá de que unos y otros sean individuos excepcionalmente dotados en el apartado psicomotor y de que posean, además, una admirable valentía (ciertos de ellos la tienen en dosis excesivas como el inefable Pastor Maldonado, de la escudería Lotus, a quien lo desacreditan sus compañeros —olvidando que tuvo el gran mérito de ganar el GP de España en 2012 con un Williams poco competitivo— porque, dicen, participa en la categoría gracias a los pagos que la empresa petrolera de Venezuela le hace al equipo británico), sus desempeños son muy difíciles de apreciar en directo.

Hoy, miles y miles de espectadores colmarán las gradas del restaurado Autódromo Hermanos Rodríguez. Ahora bien, si las maniobras de los pilotos son absolutamente espectaculares y las realizan en fracciones de segundo, la capacidad de percepción de los aficionados está sometida a unas pruebas que son también descomunales: para empezar, hay que estar en el lugar donde acontecen los hechos —el rebase, el alcance, el frenado— porque la pista no es un óvalo donde los coches corren a perpetuidad, como en otras categorías, sino un trazado extenso en el que los pierdes de vista al primer suspiro. Y, luego, la simple velocidad de los bólidos los convierte en los más elusivos y fugaces de los objetos posiblemente disfrutables. ¿Cuál de las dos figuras rojas que acaban de cruzar mi campo visual era la de Vettel, la primera o la segunda? ¿Cuántas vueltas lleva el puntero? ¿Esos dos que van tan pegados, están disputando el primer lugar o son los últimos de la carrera?

En fin, quien esto escribe se confiesa un observador demasiado poco avezado para apreciar en toda su esplendorosa dimensión los detalles de una carrera desde el borde de la pista. Es más, a veces, cuando voy al estadio a disfrutar un encuentro de futbol, echo de menos las repeticiones que tan generosamente te ofrece la televisión. ¿Con qué pierna metió el gol, con la zurda o con la mala?

Ah, y luego está el asunto de los motores y los artilugios técnicos que, en los hechos, te pueden penalizar a un piloto hasta el punto de neutralizarle totalmente sus capacidades. Es decir, esto no es como el Tour de France, una lucha cuerpo a cuerpo sino, cada vez más, una competencia de máquinas. Pregúntenle a Fernando Alonso.


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