Deporte al portador

Escasez de candidatos para el Tri

La partida de El Piojo Herrera, que no fue otra cosa que el resultado natural de haber primeramente nombrado, para un puesto tan visible y tan descubierto como el de director técnico de la Selección Mexicana de Futbol, a un tipo impulsivo de modos barriobajeros, nos vuelve a colocar, a los aficionados y a quienes administran los asuntos del balompié azteca, en esa tierra de nadie donde no se aparecen, en el horizonte, los reemplazantes que pudieran ocupar el cargo.

En lo personal, pensaría en Vucetich para dirigir las riendas del Tri. Pero, al hombre, según parece, no le atrae demasiado ocupar el puesto. Y, además, en los quince minutos que le dieron para que exhibiera sus desempeños luego de la (otra) reciente debacle del equipo, no pudo mostrar debidamente sus talentos y los despiadados patrones del negocio le propinaron un trato que en manera alguna merecía.

Pero, entonces, ¿quién? Matosas sería un buen candidatos pero parece ser que tampoco le interesa el cargo, más allá de que, ahora, le hayan puesto en sus manos a un equipo que siempre ha manejado el balón con muy buenas maneras. Atlas y el uruguayo están hechos el uno para el otro, a mi entender, y creo que habremos de ver resultados verdaderamente sorprendentes gracias a esta afortunada combinación. Los tapatíos, me atrevería a pronosticar, son unos serios aspirantes al título en el actual torneo de la Liga MX.

El Tuca Ferretti, que debe todavía consagrarse como campeón de esa Libertadores tan elusiva y tan ajena, ha dicho, muy enfáticamente, que no quiere hacerse cargo de los muchachos de la Suprema Selección Nacional de Patabola. Y, bueno, ahí está también Tomás Boy y ahí sigue el incombustible La Volpe (no he visto, en tiempos recientes, a un técnico que lo haya igualado en su capacidad de hacer que los jugadores exhiban tan exuberante nivel futbolístico en la cancha).

Una vez agotadas las opciones domésticas, quedan, en la galería de posibles postulantes, algunos candidatos que, por un lado, resultan absolutamente inalcanzables en lo que toca al tema económico (digo, no van convencer a Mourinho o a Guardiola, ¿o sí?) y, segundamente, que no cumplen con esa muy abstracta condición de “conocer el futbol mexicano” y que, a partir de tan perentoria u obligatoria exigencia, no pueden siquiera aparecerse en la cantina del barrio porque no saben de nuestros “usos y costumbres”.

Esto, señoras y señores, está mucho más emocionante que el trámite de ese  “tapado” que debía, antiguamente, lanzarse a la conquista de la presidencia de la República.  

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