Deporte al portador

Enésima petición: ¡los peores a Segunda!

Luego del soberbio atracón de futbol que nos dimos en el pasado Mundial, ¿podemos disfrutar del desganado balompié que nos van a ofrecer ahora los equipos de la mentada Liga MX?

Pues, habrá que echarle mucha pimienta y muchos otros condimentos al plato, señoras y señores. Que los publicistas y los promotores se expriman las neuronas porque esto, lo local, como que no compite con lo otro, lo planetario. Apenas la tal Liguilla llega a ponerse un poco airosa. Lo demás, ya que los pases se reparten muy generosamente y que el último de la fila se puede colar a la gran final y llevarse todo el honor y toda la gloria, es una especie de muestrario —muy pedagógico e ilustrativo, eso sí— de cómo hay que administrar los esfuerzos cada semana sin gastarse en sacrificios innecesarios.

A pesar de todo, creo que la receta funciona: un torneo largo, con un ganador proclamado, digamos, cinco fechas antes del fin de las hostilidades, sería un mazacote en un país a cuya afición le importa un comino cualquier premio de consolación para los segundos o terceros  lugares porque no sólo no se involucra emocionalmente en ninguna de las otras competiciones subcontinentales sino que no ha comenzado siquiera a valorar en toda su dimensión la gesta de aparecerse por Sudamérica y desvalijarles a los argentinos o a los brasileños —que diga, a los colombianos— sus preciados trofeos, a saber, una Copa Libertadores o la Recopa Sudamericana.

En el Viejo Continente, importa muchísimo figurar entre los primeros de la liga local para obtener el pase a una Champions o a una Copa de la UEFA. Aquí, lo menos que se puede decir de nuestra Concachampions es que los televisores de México se apagan cuando se juagan los partidos de esta competición.

Luego entonces, el asunto no hay que relanzarlo con el refulgente señuelo de un premio sino con el espeluznante espantajo de un castigo. Sí señor. O sea, que los tres peores equipos, pues, directito a Segunda (habría también que rebautizar las divisiones de nuestro futbol y ponerles etiquetas menos engañosas, para que les duela más a los perdedores chapotear en los pantanos de una auténtica “segunda” fuerza en vez de auto engañarse en la tal “Primera A” o esa “División de Ascenso” de la que los condenados de hoy nunca ascienden).

¡A ver si así no se ponen las pilas y nos ofrecen un mejor futbol!  

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