Deporte al portador

Dopaje… ¿A quién creerle?

Cada vez que sale a la luz una de esas historias de dopaje de deportistas —tan usuales, después de todo, y tan sorprendentes porque muchas veces involucran a personajes conocidísimos y muy populares—, uno se pregunta si los presuntos implicados son de verdad culpables o si fueron víctimas de un descuido (de todas maneras imperdonable, porque ellos, asesorados directamente por sus médicos, tendrían que saber muy bien cuáles son las sustancias que no deben consumir bajo ninguna circunstancia).

Ahí tenemos, para mayores señas, a la guapísima María Sharápova, cuya carrera tenística, a los 29 años de edad, ya no era demasiado prometedora y que, tras esos 24 meses de suspensión que le asestaron los inclementes jueces del tribunal designado por la Federación Internacional de Tenis, retornará a las canchas fatalmente mermada en sus capacidades deportivas pero muy alegremente dispuesta a seguirse promoviendo como empresaria y figura pública.

Aduce, la jugadora, que consumió meldonium por prescripción médica para tratar una arritmia cardiaca y prevenir la diabetes que afecta a varios miembros de su familia. Y los propios miembros de la comisión que la incrimina reconocen que ella no hizo trampa pero la responsabilizan de cualquier manera de utilizar una sustancia prohibida. ¿Justo? ¿Injusto? Legal y reglamentario, en todo caso.

El tema del dopaje alcanza cotas de verdadero escándalo en Rusia pero, miren ustedes, pareciera que el precio de suspender la participación de decenas de sus atletas en los próximo Juegos Olímpicos era tan alto —en lo comercial, suponemos—, que las autoridades han preferido mirar hacia otro lado. Y, señoras y señores, ahí no estamos hablando de casos aislados de inadvertencia o distracción sino de lo que parece un auténtico fraude, de un montaje deliberadamente programado por entrenadores y responsables deportivos.

Y, bueno, ahora surge aquí el incidente de Paola Pliego: “No tengo nada que esconder, mañana contaré mi versión de los hechos”, clama la esgrimista, que afronta la dura sanción de no participar como una de las representantes de México en las inminentes competiciones de Río de Janeiro. Ella, según las pruebas que le realizaron hace un mes en el Campeonato Panamericano, hubiera consumido modafinilo, un neuroestimulante. ¿Qué nos podrá decir? ¿Le creemos o la condenamos públicamente?

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