Deporte al portador

Director técnico: el oficio más incierto de todos

¿El Piojo en Chile? Pues, señoras y señores, no creo que sea nuestro mejor producto de exportación. Rústico, cerril, impulsivo y agreste, su mayor cualidad es precisamente esa capacidad personal que tiene para soltar destemplanzas cuando muchas otras personas, por pudor o simple buena educación, se la piensan antes de perder el estilo. Pero, en fin, si los chilenos quieren adquirir la mercancía, que con su pan se la coman. Y sanseacabó.

Pasa lo mismo con Mourinho (toda proporción guardada, por favor): es cosa sabida que carece de las más elementales maneras, que no se sabe comportar y que (de nuevo, guardando las distancias) sería, en los ámbitos futbolísticos, algo así como una versión descolorada de Donald Trump. Y, miren ustedes, hay dueños de equipos que ya lo quisieran tener en el banquillo porque su (no enteramente merecida) fama de ganador neutralizaría, para ellos, el resto de sus muy censurables defectos. Una cosa por la otra (la mujer perfecta no existe y, en el tema de los directores técnicos, el asunto es todavía mucho más drástico).

Vivimos, aquí, una muy curiosa situación de inestabilidad crónica en los equipos de nuestra Liga MX: entrenadores van, entrenadores vienen. Y, muchas veces, las decisiones que toman los patrones son precipitadas y aturdidas, por no decir injustas. Se parecen, en este sentido, a las designaciones que se hacen en las cúpulas de los partidos políticos: los mejores candidatos quedan fuera, los jerarcas nombran a un tipos impresentables y sin arraigo entre la población, las decisiones son totalmente inentendibles para la gente de fuera y, miren ustedes, al final resulta que pierden las elecciones. Siendo tan alto el precio ¿no hubieran debido nombrar al mejor de los competidores, al que más méritos tiene y al que tenía el perfil ganador? Pues no. Te lanzan al ruedo al más antipático de todos y al más incapaz.

No es enteramente la misma situación en el futbol pero, muchas veces, no entiendes por qué llega un tipo a la dirección técnica o por qué echaron a otro que hubiera podido ofrecer buenos resultados a mediano plazo. ¿Impaciencia? ¿Desconocimiento? ¿Oscuros intereses? ¿Ingenuidad?

La danza de los directores técnicos, algo así como el juego de las sillas musicales, ha adquirido dimensiones de verdadera epidemia en estos pagos. En México, no hay cargo con mayor inseguridad laboral. Pero, los rendimientos de los equipos no mejoran.

A lo mejor emigra El Piojo; o, tal vez, se queda donde está. Su equipo, mientras tanto, seguirá jugando cada fin de semana. Con los resultados que ya sabemos.


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