Deporte al portador

A Di María, ¿lo apartaron por feo?

El futbolista guapo es la más consumada representación de lo que importa en estos tiempos: la imagen. En nuestra sociedad se privilegia la apariencia casi por encima de todas las demás cosas. Miren ustedes, para mayores señas, las publicidades de las pantallas de la televisión: no aparece ahí gente del montón —o sea, mexicanos como los que te encuentras todos los días en las calles— sino individuos de la especie con rasgos que nos son muy ajenos: tipos y tipas de piel blanca y facciones que no llevan ningún rasgo indígena (y que, por si fuera poco, parecieran vivir constantemente en un estado de alegre despreocupación).

Se entiende, desde luego, que recurras a la belleza cuando quieres vender un producto. Pero, esa promoción universal de un mundo ficticio de jóvenes apuestos, elegantes y gallardos se ha convertido, en tanto que termina siendo una aspiración colectiva, en una especie de dictadura a la que no podemos casi escapar todos los demás: la gran mayoría de las humanos no somos particularmente agraciados —no pasamos tampoco horas enteras en el gimnasio para muscular nuestros cuerpos ni seguimos dietas draconianas para mantenernos delgados sino que hacemos simplemente lo que podemos—y, sin embargo, nos llueven a diario toneladas de mensajes publicitarios donde sí están los otros, esos privilegiados que, por si fuera poco, pareciera que no afrontan siquiera las durezas de la cotidianidad, a saber, la crónica falta de dinero, el sometimiento a un jefe tiránico o la insatisfacción de no lograr sus propósitos. Ah y, además, envejecemos inexorablemente.

En el universo del deporte se ha impuesto también el imperio de la belleza. Y lo digo ahora porque, desde hace algún tiempo, en algunos círculos se desestiman las virtudes meramente deportivas y se privilegian las apariencias. Ahí tienen ustedes el extrañísimo caso de Ángel Di Maria que, siendo un futbolista portentoso, no ha disfrutado de los favores de un Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid que, cuando dignaba aparecerse por el vestuario ni siquiera le dirigía la palabra. Ahí hubiera podido quedar la cosa pero al solicitar el argentino un muy merecido aumento de sueldo se lo negaron y casi lo orillaron a que se fuera.

No sería la primera vez que en el Madrid apuestan abiertamente por los guapos. Pues, se merecen pagar la factura en las canchas, digo yo. A ver qué ganan esta temporada, luego de que les haya pasado ya el Atleti por encima.   

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