Deporte al portador

Crónica parcial de una vergüenza

Estoy mirando, en estos mismísimos momentos, el partido que juega la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) contra el no menos formidable y colosal equipo de la República de Chile (no son chileno-estadounidenses, allá, sino simples ciudadanos de un país con un nombre normalito) y, hasta este momento decisivo del medio tiempo en el que el señor director técnico debe hacer un recuento de los daños (dos goles en contra) y decidir las estrategias del “tiempo complementario”, ese representante de nuestro orgullo futbolístico nacional ha hecho un muy lastimoso papel.

Hace rato, se aparecieron los argentinos en la pantalla de mi televisor y le dieron un repaso a esos venezolanos a los que apenas pudimos anotarles un golecito en el partido de la fase eliminatoria. Yo pensaría —por lo pronto y en espera de que el resultado de este infortunado encuentro quede registrado para siempre en los libros de historia— que esos sudamericanos que juegan una competición sudamericana, aunque ahora tenga lugar en el corazón de Norteamérica, serían un rival totalmente intratable en cualquier posible etapa posterior. O sea que, vistos los desempeños de cada quien, los jugadores de la Argentina están varios peldaños por encima de todos los demás. Hasta aquí, mi predicción sobre el posible ganador de esta Copa América Centenario que parecía, miren ustedes, estar arreglada para que México se agenciara el título, según dijo el augusto presidente de la Federación futbolística de la hermana República del Uruguay.

Y, en lo que toca a los estadounimexicanos, pues no: fui a buscarme una cerveza al refrigerador y, cuando volví a apoltronarme en el sofá, resultó que Chile ya nos había marcado… ¡cinco goles!

Creo, estimados lectores, que mi crónica podría terminarse aquí. Los milagros no existen o, por lo menos, no son nada frecuentes en las canchas de futbol. Ah, y el gran culpable, luego de diez partidos sin perder, sería ese señor Osorio al que, de pronto, se le vieron todas las miserias, luego de que experimentara con tantas alineaciones diferentes.

En fin, se acabó el sueño. ¡Que viva la Argentina! O, acaso, ¿será Chile el campeón?  

revueltas@mac.com