Deporte al portador

Copa América: abusos y brutalidad

Algunos de nosotros nos ofuscamos con los desempeños barriobajeros de ciertos futbolistas. Después de todo, la decencia es un valor y el futbol es un espectáculo que miran millones de aficionados, incluidos esos niños que se ilusionan con las grandes figuras y que las toman de modelos. Pero algunos expertos, que reclaman con indiscutible soberbia su condición de aficionados auténticos, aducen que el balompié es, justamente, un deporte de mañas, astucias, marrullerías y trampas. Así se juega en las calles, dicen, y sí somos los humanos en nuestro estado natural. La picaresca, por si fuera poco, sería graciosa y le pondría picante a las cosas. Ah, y, al final, añaden que el futbol “es cosa de hombres”, desconociendo a esas jugadoras que —ahora mismo que admiramos sus grandes capacidades en el Mundial de Canadá— no sólo juegan, muchas de ellas, un futbol superior al que despliegan tantas ligas de profesionales masculinos sino que, precisamente, son mucho más honestas y enjundiosas.

La Copa América, en este sentido, ha sido realmente vergonzosa. A Arturo Vidal, uno de los pilares de la selección chilena, que conducía borracho —¡en plena competición, oigan ustedes, como si el tiempo libre se pudiera aprovechar en actividades que te merman físicamente, más allá de que estemos hablando de una infracción merecedora de sanciones legales porque un vehículo manejado por un ebrio es un peligro para la vida de los demás!— no sólo lo readmitieron en el grupo sin mayores trámites sino que le prodigaron inclusive unas extrañísimas muestras de “apoyo”. Naturalmente, a los chilenos lo que les importa es ganar la mentada Copa, por encima de cualquier otra consideración.

Pero, por si no hubiera sido suficiente, ahí lo tenemos, al otro pelafustán de La Roja, al tal Gonzalo Jara que, para desquiciar a sus adversarios en el campo de juego, les mete el dedo en el culo, con perdón, o les toca los mismísimos. Ah, pero que no reaccionen con la furia, totalmente esperable y entendible, que se esperaría de cualquier persona sometida a tan humillante abuso, porque entonces se aparecerá el señor árbitro para sancionar al atropellado y expulsarlo del partido.

En la competición suramericana hemos visto muy poco futbol y mucha brutalidad. Por cierto, nuestro subcontinente es la región de más alta criminalidad del mundo. Saquen ustedes sus propias conclusiones, estimados lectores.

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