Deporte al portador

¿Comienza la resurrección de Chivas?

Ayer no me apoltroné delante de la tele desde el comienzo del partido Chivas-Cruz Azul sino en la segunda mitad cuando el marcador, como siempre en los últimos tiempos, le era adverso al Guadalajara.

Dentro de la generalizada tibieza de mis aficiones (no soy realmente fanático de ningún grupo o asociación o ideología y a lo más que llego —en el extremo opuesto, es decir, en el tema de las aversiones— es a horrorizarme, ahí sí, frente a la sanguinaria estupidez de los extremistas islámicos), sigo siendo seguidor del equipo tapatío, sí señor.

Pues bien, hoy, precisamente hoy, puedo recalcar esta condición de seguidor ante ustedes, amables lectores, porque ayer aconteció un mini milagro: le ganamos ni más ni menos que al equipo invicto del actual torneíto, a un Cruz Azul deslavado y medio cobardón —o, a lo mejor, simplemente resultadista— que, tras meter su golecito, decidió cerrar filas y cederle la cancha al contrario.

Y, lo que son las cosas, el denostado y vilipendiado Carlos Fierro, que dicen que se desplomaba en el área rival si le soplabas meramente en la nuca, resultó decisivo en el primer tanto luego de que, tras una muy desafortunada intervención de Flores (si lo piensas, una gran mayoría de acciones son desafortunadas en prácticamente todos los deportes: el segundo gol de Chivas resultó también de una desafortunada acción de Corona y ni qué decir de la desafortunadísima decisión de Pete Carroll, el coach de los Halcones Marinos de Seattle, en los últimos instantes del pasado SuperBowl), colocara el estupendo centro que De Nigris mandó a la red.

Ya era empate, en esos momentos. Ya teníamos un puntito piojoso pero valiosísimo por el tema de los truculentos porcentajes que se manejan en este futbol amañado para que los equipos “grandes” (je, je) no desciendan jamás a los lodazales de esa división de “Ascenso” de la cual también es imposible ascender. Pero, he aquí que vuelve a intervenir el muchacho Fierro y que, por una vez, se despeña de veras en el borde del área luego de que le asestaran una patada genuina (al árbitro Chacón hay que ponerle “El Perdonatarjetas”, luego de su infame actuación de ayer) y, al cobrar Marco Fabián la falta, que mete un señor golazo, más allá del posible aturdimiento de Corona.

Pues, ya eran tres puntos, faltando unos ocho minutos para el silbatazo final. Y, así quedó el marcador. Mañana, me voy a la chamba con mi gorro de Chivas. 

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