Deporte al portador

Chivas se puede quedar años enteros abajo

Javier Vergara es un hombre muy exitoso. Es, además, el ejemplo vivo del individuo que se hace a sí mismo, es decir, del emprendedor que logra sobresalir gracias a sus propios esfuerzos y capacidades, en oposición al heredero que administra los caudales de la familia, por más que los pueda acrecentar.

Y, como he dicho otras veces, el patrón de Chivas construyó un magnífico estadio donde puedes disfrutar espléndidamente las tardes de futbol. No es poca cosa. Pero, entonces, ¿qué pasa con Chivas?

Ahora mismo, al frente del equipo se encuentra ni más ni menos que el antiguo director técnico de la Selección Nacional. ¿Qué más se puede pedir? Antes, vino gente de Holanda y de España. Pero, los resultados no mejoraron. Y, hoy, ese gran equipo histórico se encuentra al borde del descenso a esa otra división de la cual, a pesar del título que lleva, es muy difícil ascender.

Si Chivas cae, es decir, si no logra mantener la categoría en un futbol tan irregular como el nuestro —por no hablar de la aplastante mediocridad de un “torneo regular” donde los jugadores administran sus esfuerzos descaradamente porque sienten, así sea de manera inconsciente, que siempre habrá un mañana, una segunda oportunidad, una chance de meterse a la consabida liguilla, así fuere en último lugar y, a partir de ahí, de ganar inclusive el título de campeón— si Chivas cae en tales circunstancias, repito, entonces  quedará años enteros en esa otra división. Y eso sí que será una desdicha para nosotros, los seguidores del equipo rojiblanco.

Las cosas están muy amañadas en este sistema de competición. Y quienes han dispuesto el esquema son, justamente, los dueños de unos equipos que se protegen, sirviéndose de la famosa tabla porcentual, de que sus malos resultados tengan consecuencias inmediatas. El problema es que un personaje como Vergara —que, además, no sabemos qué responsabilidad directa haya tenido en la perpetuación de este modelo proteccionista— jamás imaginó, ni en sus peores pesadillas, que su equipo se encontrara en tan precaria situación. Lo cual me lleva, en lo personal, a formular, una vez más, mi exigencia de siempre: que se suprima el tramposo sistemita y que los tres peores equipos de cada torneo desciendan. O sea, que suban los tres mejores de esa División de Ascenso de la cual, por fin, se pueda, pues sí… ¡ascender! 

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