Deporte al portador

'Checo' Pérez: no para pero no sube. ¿Por qué?

Tengo todavía grabada en algunas neuronas la imagen de los coches de F-1 que competían en el último Gran Premio de México —celebrado en el Autódromo Hermanos Rodríguez en 1992, antes de que se suspendiera la competencia durante 22 largos años— ganado por ese mismísimo Nigel Mansell que participó como una suerte de maestro de ceremonias para cerrar el espectáculo el pasado domingo: el pavimento era tan irregular que los bólidos desprendían chispas al rozar partes de la carrocería con el piso. Me sentí un tanto avergonzado, en aquel entonces, de que esa fuera la imagen que ofrecía al mundo nuestro país, la de un lugar donde ni siquiera una pista de alta competición podía estar debidamente construida. O sea, subdesarrollo, dejadez, abandono, incuria, descuido...

No sé si esa fue la razón por la que se pudiera haber cancelado finalmente la prueba o si se retiraron los inversores o si hubo ofrecimientos de otros países que resultaron más tentadores para la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). Después de todo, el espectáculo se alimenta de los millones que ponen sobre la mesa los organizadores de las ciudades que desean participar. Y, justamente, parece que la aparición de un número creciente de nuevos aspirantes y las estratosféricas cifras exigidas por Bernie Ecclestone, el patrón de la FIA (¿es una especie de Blatter, el hombre?), son las razones que han llevado ya a la cancelación del Gran Premio de Alemania, celebrado ni más ni menos que en el legendario Nürburgring, y que amenazan también la realización, en 2016, del Gran Premio de Italia, en Monza, una cita histórica considerando la presencia de Ferrari en esta categoría automovilística.

En fin, hoy ya no tenemos nada de qué sonrojarnos. Al contrario: este Gran Premio de México de F-1 ha sido un modelo de organización y ha ofrecido una contundente imagen de modernidad: la pista es de las más rápidas, junto con la de Monza, y las instalaciones son deslumbrantes, por no hablar de esa afición mexicana tan apasionada que el propio Ecclestone la calificó con el mayor entusiasmo. Lo que no entendí, y que sigo sin entender, es cómo fue que Checo Pérez, el único piloto de todos que no hizo dos paradas para cambiar neumáticos, no logró adelantar posiciones contando con tan indiscutible ventaja. En fin, que alguien me lo explique. O, mejor, que su equipo se lo explique a él.


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