Deporte al portador

La "Champions" es otro planeta

La Champions es la consagración del futbol mundial. No hay otra competición parecida ni existe tampoco un escenario donde puedan observarse los extraordinarios desempeños de unos equipos que, a diferencia de los que participan en el gran torneo internacional de las naciones, no se reúnen pocos días antes del gran desafío para conjuntar los esfuerzos de jugadores venidos de distantes proveniencias sino que llevan meses enteros participando en las ligas da cada país, bajo la tutela de un tipo, el director técnico, que siempre está ahí, cuidando todos los detalles y disponiendo todas las instrucciones.

Hay un trabajo, en las ligas locales, que jamás podrá ser reproducido en el ámbito de las selecciones nacionales. ¿Por qué? Pues, bien simple: los futbolistas  de los conjuntos representativos de los diferentes países se juntan apresuradamente antes de enfrentarse a las selecciones rivales y tienen apenas tiempo de ponerse de acuerdo para manejar el balón en la cancha. Los entrenadores de las selecciones nacionales no pueden casi preparar a sus equipos y la primerísima consecuencia de este estado de cosas es que los Mundiales, por lo menos en esas primeras etapas en las que los jugadores no logran todavía entenderse ni acoplarse, no nos ofrecen buen futbol a los aficionados.

O sea, que la Champions es el mejor escenario futbolístico del planeta. Y, además, se  confirma allí la infinita superioridad de un continente, Europa, que cuenta con los mejores equipos del orbe, más allá de que algún suramericano pueda ganar ocasionalmente el Mundial de clubes celebrado en diciembre. Ayer, para mayores señas, pudimos comprobar esta realidad: el encuentro entre los colchoneros del Atleti y los merengues del Madrid resultó absolutamente trepidante y vino a confirmar otro hecho fehaciente: la hegemonía del futbol de España. Ya el Sevilla había conquistado la segunda gran competición europea y, en esta ocasión, los protagonistas de la gran final de los clubes del Viejo Continente fueron dos equipos españoles, ese rocoso Atleti que dejó en el camino al Barça y al Bayern, y ese Madrid que debía conquistar todavía su onceava Champions para certificar la solvencia de un director técnico, Zinedine Zidane, que no cuenta con la experiencia que tienen sus pares.

Luego vimos el encuentro entre México y Paraguay. Un partido espeso, de aplastante mediocridad. Otro mundo, otro planeta. Pero, bueno, ésa es la circunstancia que nos toca, en esta parte de la geografía mundial… 

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