Deporte al portador

Brasil 2016: luces y sombras

Y pensar que me corroía la envidia cada vez que Brasil sacaba pecho y se exhibía como la "nación del futuro", la economía pujante, la "historia de éxito" y todo lo demás. Pues, ahora somos los mexicanos, así de mermados y degradados como nos vemos a nosotros mismos, quienes llevamos la batuta del (magro) crecimiento, quienes vamos a recibir las inversiones del exterior, quienes mantenemos controlada la inflación, quienes exportamos cada vez más coches y, por lo tanto, quienes los podremos ningunear a ellos, los brasileños, de los que se duda hasta de que puedan celebrar sus próximos Juegos Olímpicos.

No hay que hacer leña del árbol caído, señoras y señores, pero lo que pasa es que a la gente se le suben muy pronto a la cabeza sus logros y sus triunfos: se olvidan, los nuevos ricos, que se encaramaron en un ladrillo y que la dura realidad termina por tocar a la puerta de la misma casa de siempre, esa morada donde hubo carencias y desorganizaciones desde un principio.

En fin, yo no me lo creo, eso de que pueda ocurrir un cataclismo deportivo como la cancelación pura y simple de unas olimpiadas, pero es muy revelador que los medios de comunicación estén avisando de que pueda ocurrir tamaña catástrofe. Lo que pasa es que las cosas no van nada bien en la nación suramericana y si aquí creemos que hay descontento entonces tendríamos que dirigir una mirada hacia allá y enterarnos de que doña Dilma es una señora mucho, pero mucho más impopular que don Enrique (Peña), aparte de consignar que terminó la faena de llevar su país al precipicio luego de que el carismático Lula comenzara la aventura populista.

En todo caso, el asunto de organizar la gran justa deportiva mundial parece tan complicado y costoso que uno se pregunta cómo es que todavía hay ciudades que se candidatean. La decisión se tomó durante un periodo de euforia económica y de desaforado optimismo pero, llegado el momento de pagar los platos rotos, al pueblo brasileño no le quedará siquiera el consuelo de la celebridad lograda porque la factura habrá sido simplemente exorbitante.

Bueno, los mexicanos estaremos allí, jacarandosos como de costumbre. Eso sí, no nos podremos siquiera comparar, en el terreno deportivo, con aquel país de grandes atletas y de medallas: 108 preseas olímpicas, de las cuales 23 de oro, 30 de plata y 55 de bronce. Como que me vuelve a atormentar la envidia, qué caray...


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