Deporte al portador

Barça: 720 millones (de pesos) en el aire…

No recuerdo cuál de los grandes directores europeos de orquesta —enfrentado a esos recortes presupuestales que están afectando de manera tan devastadora a la cultura— dijo que los recursos que se gastaba su filarmónica cada año eran menores a lo que costaba el fichaje de un futbolista de medio pelo en el mercado europeo.

Y sí, son cifras descomunales. Pero, señoras y señores, la música de concierto, hasta nuevo aviso, no es negocio mientras que en el futbol —que es mucho más que un mero deporte o un simple espectáculo— los patrocinadores, las cadenas televisivas y las firmas publicitarias mueven colosales sumas de dinero. Ya lo vimos aquí, ahora que estuvimos al borde de la catástrofe financiera porque los muchachos de nuestra Suprema Selección Nacional de Patabola no lograban meter goles ni en ese templo sagrado llamado Estadio Azteca y, por lo tanto, que se vislumbraba en el horizonte la posibilidad de que no fuéramos este año al Mundial de Brasil.

Pero, ah, todo esto, lo del futbol, no es solamente un asunto de compraventas, de contrataciones, de contratos celebrados con razonable (y entendible) transparencia, de cláusulas cuidadosamente estipuladas y de pundonorosa competencia sino, también, de intermediarios rapaces, agentes advenedizos, comisiones que se reparten por debajo de la mesa, arreglos entre presuntos rivales y dineros que no pasan ni de rebote por las arcas de mamá Hacienda.

Y, ahí tienen ustedes, para mayores señas, el caso de este chico brasileño Neymar, una estrella en ascenso a quien el presidente del Barça se sintió obligado a ponerle la mano encima para que no se le fuera a escapar a otro equipo, en espera de que demuestre cabalmente su potencial. Tan preocupado estaba don Sandro Rosell de que le birlaran al futbolista que puso 57 millones de euros sobre la mesa para asegurarse sus servicios. Bueno, pues un socio del club catalán interpuso una demanda ante la Audiencia Nacional de España porque, según él, los directivos azulgrana terminaron pagando, en lo oscurito, 95 millones, entre pitos y flautas. Se explica la acción judicial porque los socios tienen intereses directos en el club y esa diferencia de casi 40 millares de millares de euros les pega en el bolsillo. Aparte, se espera un mínimo de transparencia de parte de los mandamases.

Así están las cosas en el Barça, el guardián de la decencia futbolística. 

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