Deporte al portador

El Azteca ya no es un arma de guerra

Un nuevo y excitante debate en la arena futbolística, señoras y señores: se plantea que la Suprema Selección Nacional de Patabola de Estados Unidos (Mexicanos) no juegue ya en el colosal “Coloso de Santa Úrsula” —o sea, el estadio Azteca, ubicado en la capital de la nación— sino que pise las canchas de otros estadios en ciudades como Torreón, Guadalajara o Monterrey, cuyas altitudes sobre el nivel del mar son más reducidas.

Pero, santo Dios, ¿por qué renunciar a una ventaja táctica tan evidente y rentable como realizar partidos de futbol a 2 mil 200 metros de altura para que los adversarios, recién desembarcados de sus planicies costeras o sus apacibles comarcas ribereñas, se queden sin fuelle a los 45 minutos, resoplando lastimosamente, y no puedan ya tener buenos rendimientos en esa tal “parte complementaria” que es donde los jugadores aztecas, plenamente aclimatados a la falta de oxígeno, sacan la casta y muestran sus tamaños?

Pues, muy simple: porque ahora los mexicanos son también “europeos”. O, por lo menos, así les llaman, los comentaristas deportivos y los escribidores a sueldo, a quienes han sido contratados por equipitos —o equipotes— de Portugal, Países Bajos, Alemania y España, entre otras naciones del Viejo Continente. Y, como los calendarios del universo futbolístico son tan exigentes —los equipos participan en toda suerte de competiciones, la Liga local, la Copa, la Champions, el torneíto tal o el torneíto cual— nuestros jugadores emigrantes no tienen ya le tiempo suficiente para adaptarse cuando, debidamente solicitados y requeridos por el director técnico de turno, vuelven precipitadamente al terruño para defender los colores patrios. O sea, que la altura ya no sólo afecta a los de Honduras, Belice, Jamaica o Estados Unidos sino que le pega a los de casa porque ya no viven aquí, qué caray.  Pero, ¿no podría entonces el señor seleccionador utilizar exclusivamente a los autóctonos provincianos que jamás han pisado esas naciones pobladas, encima, de extraños enemigos? Pues, no, parece que no, porque los que se han ido allá juegan mejor, según dicen, que los que se han quedado aquí. De tal manera, lo que era una ventaja, digamos, geopolítica, se ha vuelto contra nosotros y se han transformado en un obstáculo declarada e innegablemente geográfico. Cómo cambia el mundo, estimados lectores.

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