Deporte al portador

El ‘Atleti’ contra los millonarios

Tres equipos españoles en la etapa semifinal de la Champions League. Nada mal, para un país deprimido colectivamente, devastado por una brutal crisis económica, golpeado por unos altísimos niveles de desempleo y gobernado por una derecha tan cavernaria como corrupta. Bueno, tal vez lo de “españoles” no les termine de convencer a los catalanes seguidores del Barça que bien quisieran, muchos de ellos, independizarse del Reino de España y constituir una nación aparte. Muy en su derecho que están, pero el problema es que la Constitución que rige en el mentado Reino no permite consultas, por más “populares” que puedan ser, sobre el tema de la sacrosanta integridad del Estado español. En fin, esto es política, no deporte.

En lo puramente futbolístico, mi gallo es el Atlético de Madrid, ese equipo peleón que se ha metido, a punta de coraje y entrega (por no hablar de los fantásticos desempeños de sus jugadores), en el reducido —y enrarecido— espacio que ocupan los ricos, unos clubes de contrataciones millonarias contra los cuales es imposible competir y que son un reflejo, miren ustedes, de la creciente desigualdad que constatamos en el mundo.

Nunca han sido muy sólidas mis presuntas adhesiones a los colores de un equipo: sería posiblemente madridista, aparte de seguidor de Chivas pero, según han soplado los vientos de mi destino personal, he sido seguidor del Toluca, del Pachuca o del Necaxa, por no hablar de la simpatía que me despiertan el Atlas, el Arsenal de Arsène Wenger y, en los últimos tiempos, esos extraordinarios equipos alemanes como el Bayern o el Borussia Dortmund.

Pero, en estos momentos, Diego Pablo Simone, alias El Cholo, es mi ídolo particular. Por encima, lo repito, de mi supuesto madridismo y por encima, también, del respeto que me merece un Guardiola que está llevando a los de Múnich con un paso prácticamente perfecto.

¿Qué será lo que tiene el negro, ay mamá, que diga, el Cholo? Pues, el hombre es un motivador, un personaje que sabe cuáles fibras son las que tiene que moverle a sus jugadores. Un comunicador de emociones, capaz de ponerles enfrente a una chica lisiada por un atentado terrorista de ETA para mostrarles un ejemplo de superación y, sobre todo, para hacerles recordar la verdadera importancia de las cosas en la vida.

Pero, además, espero el triunfo, avasallador, del empeño personal sobre el mundo del dinero. ¡Hala, Atleti!

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