Deporte al portador

Aparecemos como tramposos… ¡otra vez!

Es inaudito, increíble y vergonzoso lo de registrar a deportistas para una gran competición internacional con… ¡marcas que no tienen!

Por Dios, ¿no hay ya manera de acabar con esta avalancha de estafas, mentiras, trampas, fraudes y engaños que, como una repulsiva epidemia, está no sólo dañando irremediablemente la imagen internacional de nuestro país —que de por si no la ha tenido muy buena, más allá de que el señor Trump pretenda sacar provechos políticos al describirnos, entre otras cosas, como “violadores”— sino que viene siendo un síntoma, directísimo, de la corrupción que nos carcome?

La Copa Oro la ganamos de manera muy poco gloriosa y el propio director de nuestro equipo nacional, más allá de sus habituales exabruptos y de su consustancial inelegancia, se exhibió como un tipo violento en un país que, desafortunadamente, sufre ya demasiada brutalidad en sus hogares, en sus calles y en sus familias. ¿Necesitamos, como un representante del deporte nacional, a un sujeto que suelta puñetazos a un periodista cuando México, por desgracia, ha sido denunciado internacionalmente como una de las naciones donde el ejercicio del periodismo es más riesgoso? ¿No hay ya decenas de periodistas muertos en estos pagos?

Y, bueno, el incidente fue debidamente sancionado, faltaría más, y el despido de Miguel Herrera fue fulminante. Pero, el daño estaba hecho, justo después de que el criminal más buscado del planeta escapara de una prisión mexicana de alta seguridad. Y, ahora… ¡Esto! ¡La manipulación de las marcas de los competidores, sin su conocimiento, para que, miren ustedes, pudieran asistir a la gran cita mundial de la natación! ¡Para aumentar la “motivación” y el “fogueo internacional” de unos deportistas que, para empezar, no cumplían siquiera con los mínimos! ¡Caramba! ¿No era mejor empezar por el comienzo —valga la redundancia— y preparar a los muchachos para que estuvieran a la altura y que no necesitaran de “ayudas” sospechosas y, pienso yo, totalmente ilegales a pesar de que los directivos de la Federación Mexicana de Natación juren y perjuren que no actuaron “con dolo” y que aseguren y reaseguren que la Federación Internacional de Natación estaba enterada y, aparte, totalmente de acuerdo? Pero, entonces ¿qué pasa con los competidores de todos esos otros países que no fueron aceptados en la gran justa deportiva? ¿Se van a quedar así nada más, tan panchos, cruzados de brazos?

¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

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