Deporte al portador

Una tarde cualquiera, en el estadio Victoria

¿Andan muy gallitos, los de Cruz Azul, porque ya se sienten ganadores de la Copa MX? Pues, aquí nos tienen, a los de Aguascalientes, para ver si primero le pasan encima a los Rayos del Necaxa. Y luego, si quieren, que hablen.

El Piojo, que es por lo menos tan peleón y tan echao pa'lante como Tomás Boy, de seguro pensaba que se iba a colar a las semifinales. Pero, miren, en los últimos minutos del tiempo de compensación de un partido que ya tenían ganado los Xolos, con dos hombres menos luego de un arbitraje tan polémico como sospechoso, el equipo de casa igualó el marcador y después, ya en los tiros penales y con el fantasma de la muerte súbita soplándole en las piernitas a los jugadores, Necaxa se llevó el triunfo por seis tiros contra cinco.

Estuve en el estadio Victoria, el martes, disfrutando enormemente de un encuentro trepidante, y no pude menos que celebrar que el futbol siga siendo un espectáculo para las familias, una cita a la que acuden tranquila y jubilosamente los aficionados. Iba yo con mi hijo y le hice un gesto discreto para que se fijara en las personas que teníamos delante en la fila: una joven mujer y su nena, de unos diez u once años. Solas las dos, sin la presumible y presuntamente obligada compañía masculina. ¿Cuál era la seguidora de los Rayos? ¿La madre? ¿La pequeña? O, ¿compartían ambas la afición futbolística? No me atreví a invadir su espacio para formular la cuestión pero su mera presencia me pareció una deslumbrante manifestación de armonía cívica en una ciudad, debo decirlo, ejemplarmente civilizada y segura, por más que muchos vecinos comiencen a lamentar la aparición de sucesos que, en otros lados, la gente ya no registra siquiera porque forman parte de esa cotidianidad anormal a la que nos hemos acostumbrado en este país.

Y, bueno, es cierto que las expresiones de algunos machotes apoltronados en las gradas suelen estar bastante subidas de color y que la mera costumbre de vociferar ¡putooooo! cuando Su Señoría el Guardameta del Equipo Contrario despeja el balón desde su portería no es la máxima expresión de refinamiento social pero, vamos, el ambiente en un estadio como el que tenemos aquí es totalmente saludable. Tanto, que creo que los seguidores del Necaxa merecemos el premio de pasar a la gran final. Así, sin exabruptos ni desplantes. Están avisados, los soberbios Cementeros.


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