Deporte al portador

Alergia al Super Bowl

Ahí lo tenemos ya, de nuevo, al avasallador Super Bowl. Es un acontecimiento cuya colosal dimensión reconozco pero que no termino de digerir, con perdón de todos aquellos lectores de un diario deportivo que están en todo su derecho de exigir informaciones, reportajes y artículos de opinión en los cuales se vean reflejados sus intereses (de otra manera, estarían consultando las páginas de un suplemento cultural o la sección de política de cualquier periódico).

Y, bueno, admito también que el llamado “futbol americano” no me despierta un entusiasmo excesivo lo cual, lo repito, es una confesión inadmisible, aparte de condenable, en un individuo que ha titulado su columna “Deporte al portador” —así, genéricamente— pero que se ocupa, por lo general, del otro futbol, a saber, de ese deporte-espectáculo que los estadounidenses denominan “soccer” y que muchos de ellos —lo digo para equilibrar un poco las cosas— tampoco aprecian demasiado y que hasta desprecian abiertamente.

Ah, pero en este país desaforadamente azteca hay miles y miles de aficionados que, semana a semana, siguen los desempeños de los Patriots, los Broncos, los Steelers, los Cardinals y los Seahawks, entre otros equipos de esa NationalFootball League (NFL) que, dividida en sus correspondientes Conferencias, constituye una poderosísima organización deportiva. Hablando de globalización, oigan ustedes.

Hubo un momento, en mi existencia, en que emigré a países en los cuales estuve afincado años enteros. Hasta ese instante de dejar el terruño, no había yo registradoque mis connacionales estuvieran siquiera medianamente pendientes de los que acontecía en los estadios de Houston o Denver. A lo mejor, como no era parte de mis aficiones deportivas, no registré que en estos pagos había gente que no sólo acudía al tradicional encuentro entre los Cóndores de la UNAM y las Águilas Blancas del IPN sino que se solazaba con los partidos jugados en un país extranjero. Al volver, sin embargo, descubrí que el futbol americano se había vuelto una especie de religión local, seguida por millones de aficionados. Es más, el partido jugado en el estadio Azteca en 2005, es el que más espectadores ha tenido en las temporadas regulares de la NFL: más de 103 mil personas. Un récord absoluto logrado, curiosamente, fuera de las fronteras de Estados Unidos.

Ni modo. Hoy por la tarde, me apoltrono delante del televisor, para ser como todos los demás. 

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