Deporte al portador

¿Acabar con la podredumbre de FIFA?

Los comunes mortales vivimos nuestras vidas en la medianía de lo cotidiano, ganándonos el pan como podemos, trabajando (tantas veces) bajo las arbitrarias imposiciones de un jefe despótico o desempeñando tareas repetitivas y poco estimulantes, padeciendo todas las durezas reservadas al ciudadano de a pie —desde la incomodidad del transporte público hasta la escalofriante inseguridad que nos amenaza en los barrios, pasando por las estrecheces de la precariedad económica y la falta de un futuro con perspectivas mejores—y, en general, con el sentimiento de que las cosas no son justas, de que mereceríamos un destino mejor y, al mismo tiempo, de que otros individuos de la especie humana disfrutan —por su condición social, por mera suerte o porque se las han arreglado para encontrar la receta del éxito— de mejores condiciones que nosotros.

No es sorpresa, entonces, que haya muchísima gente enojada y que ese resentimiento se manifieste de manera prácticamente permanente, a la vuelta de cada esquina, en las redes sociales y en esa postura, tan generalizada en estos tiempos, de criticarlo todo y de desconfiar de todo. La rabia de las personas es ya una suerte de epidemia social, una manifestación colectiva que divide a las sociedades y que sirve de caldo de cultivo a esos políticos populistas —de izquierdas o de derechas— que, bien enterados del descontento, se lanzan a hacer promesas tan incumplibles como atractivas.

¿Qué decir, entonces, de la existencia de personajes tan desaforadamente privilegiados como los que mandan en las grandes organizaciones deportivas internacionales? La corrupción, ese otro gran mal de nuestra época, carcome a la Fédération Internationale de Football Association (FIFA) y también socava las entrañas de un Comité Olímpico Internacional cuyos mandamases exhiben, sin complejos, el glamour y la esplendorosa fastuosidad de los grandes de este mundo.

Escuchaba, hace poco, a un comentarista de la cadena pública francesa TF-1 que decía que Michel Platini es un tipo honesto y que el dinero no le interesaba realmente. Y, tuve ciertas dudas sobre la apreciación que casi todos hemos tenido sobre el astro francés y sobre la posible justicia de nuestras críticas. Pero esos dos millones de francos suizos que el antiguo mandamás de la FIFA le pagó a quien en su momento fuera presidente de la UEFA no te los puedes embolsar así nada más, tan despreocupadamente.

Llega ahora Gianni Infantino al gran organismo del balompié mundial. No creo, sin embargo, que el enojo de la gente se vaya a disipar tan fácilmente...


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