Pelotazos

Se murió la Máquina.

Hay una taquicardia cruzazulina, debe ser única, inalcanzable para el resto de los mortales. Pero es una taquicardia de segunda generación. Difícil, psicológicamente imposible. Pero que ayer acabó en alegría. Nueva sensación.

Le van al Cruz Azul por sus padres, sus hermanos mayores, y los más jóvenes por esa gran Libertadores del 2001 que les hizo soñar y los hizo… Subcampeones. Les contaron, que este era un equipo que ganaba fácil, como Máquina, que no podía fallar. Era el siglo XX. No más Máquina, háganse a la idea, 40 años después, que ganan como el resto de los mortales: sufriendo.

Les latió el corazón cuando el delantero de Toluca, Pablo Velázquez, de forma increíble, echó el balón por arriba de la portería. Como latió al revés con ese gol de último minuto de Pachuca en la misma Concachampions. Como con América y un gol, carajo; del portero en el último minuto que les robó la Liga.

Cruz Azul se ganó, irónicamente gracias a un subcampeonato, el derecho a ser el mejor de Norteamérica y el Caribe. Ganó como los demás.  Fue el mejor. Pero no fue la Máquina. Porque en el último segundo le pudieron volver a romper el corazón. Y eso no les pasa a las Máquinas del siglo XX.

Cuando Cruz Azul gane una liga será como los demás. Esta segunda generación ya debería entender que les hicieron querer a un club que era campeón con facilidad. Por eso están tan frustrados. No cumple las expectativas. Pero… ya ganó una Copa Mx y una Concachampions. Algo está pasando, ya son un buen equipo como los demás, sin traumas, que gana.

 Cuando se lleven la liga será por primer vez. Al carajo la historia, cada partido es diferente, cada año es una nueva historia. Olvídense de la Máquina, disfruten al Cruz Azul campeón de Norteamérica de 2014 y, quizá, algún día no tan lejano, de México.

roberto.velazquez@milenio.com

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