Pelotazos

70 minutos de silencio en CU

Mi buen amigo Martín del Palacio está de visita en la Ciudad de México y el domingo fuimos al Estadio de CU. Durante diez años, vimos juntos los partidos de los Pumas antes de que se fuera a vivir a Europa. El ejercicio de nostalgia me hizo notar muchas cosas que había ignorado entre el tedio y la costumbre.

Él tenía ya un buen tiempo sin regresar. A los diez minutos del juego nos dimos cuenta que apenas habíamos hablado del juego, acaso cómo estaban parados los equipos, algo le dije del estado de los jugadores de los Pumas y que habían hecho en los últimos juegos. Él señaló a Daniel Villalba, el delantero de Veracruz y punto.

Caíamos poco a poco en cuenta lo aburrido, tedioso e incómodo que resultaba estar ahí sentados a medio día en pleno sol.

Pero mi mayor sorpresa llegó ya avanzado el segundo tiempo, por ahí del minuto 70 cuando Martín señaló: “No he escuchado ni una Goya”. Casi me dio un escalofrío. Tenía razón. De un lado apenas se oía el murmullo de una barra poco nutrida que se la pasó haciéndole un homenaje a alguien con una manta, suponemos que se habrá muerto alguno de sus miembros. Del otro lado, apenas se distinguía un tambor con los mismos cánticos copiados de Argentina de siempre. Por supuesto sin sentido y sin nada que ver con lo que medio pasaba en el campo. El silencio lo rompía un grupo de aficionados de la zona baja que son los únicos en ese estadio que le gritan “Puto” al portero rival cuando despeja.

Inmediatamente recordé el último partido al que fui de Pumas CU, el equipo de futbol americano que el sábado juega la final. Aunque el nivel del juego es discreto, la tribuna es divertida, con Goyas, porras, gritos y la gente metida en el juego, esa sigue siendo la tribuna de Ciudad Universitaria.

Pero en el futbol, pésimo partido en la cancha y en la tribuna. La crisis de Pumas, de los panboleros, está en todos lados. 

 

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