Pelotazos

El caprichito del nuevo rico

La Liga mexicana no es negocio. Ese es su principal problema. Empresas, corporativos, millonarios aficionados, son quienes toman las decisiones y quienes perpetuán esta forma de operar.

El Atlas era el último club social con un equipo de Primera División. No aguantó más y fue vendido. El caso de Pumas es aparte, la franquicia es de la UNAM, pero lo administra un patronato que casi siempre ha estado respaldado por una empresa o un grupo de empresarios. Es el único modelo “alternativo” que ha sobrevivido.

Sin un modelo óptimo de negocio no hay suficientes empresas o millonarios que estén dispuestos a perder dinero. Oceanografía parecía una empresa sólida, en eso no se puede refutar a Decio de María cuando se autorizó que Amado Yáñez comprara una franquicia de Primera: la de Jaguares de Chiapas que dejó Tv Azteca para evitar la multipropiedad (que se da precisamente por la falta de nuevos dueños) nada más para que acabara comprando meses después al mencionado Atlas.

Yáñez era, es, otro de los típicos casos de un hombre que de repente se hizo muy rico, de forma bastante oscura, y que en medio de este frenesí se dio el lujo de comprar equipos de futbol, a Jaguares se lo llevó a Querétaro. Nada puede salir bien de un caprichito de nuevo rico. No había sustento, ni proyecto viable. El equipo ya está en problemas graves arrastrado por los conflictos de su dueño con la justicia.

La Liga no puede seguir siendo sólo la excusa para poder tener una selección nacional que es dónde sí está el dinero. Tiene que ser un negocio redondo en el que se peleen a muerte los tiradores para poder entrar. Mientras siga el modelo seguirán apareciendo de vez en cuando los Amado Yáñez, los Carlos Ahumada, o el infame “capitán” Rodríguez de los Colibríes de Morelos.

roberto.velazquez@milenio.com

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