Pelotazos

Los cuatro años rumbo a Rusia

No se puede darle valor sagrado a la continuidad en el futbol profesional de México. Es imposible con la cantidad de exigencias comerciales. El éxito de la selección mexicana de futbol es su capacidad de ilusión y de mercado. Cada vez, en cada partido, en cada torneo.

¿Qué va a pasara si no se califica a los Juegos Olímpicos de 2016, si no se gana la Copa Oro, si no hay una espectacular Copa América el año que entra en Chile? Y, si se complica otra vez la eliminatoria ya que la Concacaf se ha convertido en una zona muy complicada: tenía tres lugares directos y un repechaje, tres pasaron a segunda ronda y uno de estos, Costa Rica, está entre los ocho mejores del mundo. Quien diga que esta Confederación sigue siendo una basura está envuelto en la venda del lugar común.

Después de que México ganó su mayor logro internacional en el futbol: la medalla de oro en Londres, nadie se hubiera imaginado que el grupo encabezado por José Manuel de la Torre (su auxiliar Luis Fernando Tena fue el director técnico en Wembley) no iba a llegar al Mundial. Pero las eliminatorias fueron un desastre. ¿Qué garantiza que el multicitado y multientrevistado, galán de todos los comerciales, Miguel Herrera, no va a enloquecer como le ha pasado a todos los anteriores entrenadores del Tri? A Herrera no le dio tiempo de volverse loco y por eso sigue como héroe nacional. Tiene la ventaja intelectual de Ricardo Peláez, pero falta muchísimo para Rusia 2018.

Ahora es muy fácil sugerir, exigir la continuidad del proyecto más emotivo del Tri. Pero la realidad se impone con demasiada exigencia en México. La impaciencia, el linchamiento, son la norma. El héroe simpático Miguel Herrera podrá ser muy pronto el villano favorito, o ¿A qué suenan los apellidos Mejía Barón, Lapuente, Milutinovic, Aguirre y La Volpe?

roberto.velazquez@milenio.com

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