Pelotazos

Porto mexicano

Durante años el futbol mexicano ha sido dominado por una bola de gánsteres promotores que se hacían ricos comprando jugadores basura de Sudamérica. Decenas de futbolistas que no tenían siquiera nivel para jugar en una liga mexicana que tampoco contaba con muchos futbolistas mexicanos talentosos. Así se vivió en el estancamiento. Los viejos siempre te recuerdan a la misma baraja de jugadores extranjeros: Cabinho, Carlos Reinoso, Miguel Marín, Juan José Muñante… Se contaban con dos manos. Los mejores, siempre una minoría, se retiraron en México.

En medio de su falta de profesionalismo, de su improvisación, los clubes mexicanos no se han dado cuenta del gran negocio, del gran beneficio que les puede traer contratar sudamericanos jóvenes, con potencial para jugar en su selección nacional, de preferencia que sean titulares en sus clubes, que tengan algo de experiencia internacional. Pueden fácilmente pagarse solos. Sólo el Pachuca ha tenido dos casos de éxito: Aquivaldo Mosquera y Enner Valencia. El de Jackson Martínez, de Chiapas, fue otro. Los tres se pagaron solos: la inversión y prácticamente todo su sueldo mientras estuvieron en México. Lo mejor fue que dejaron dinero para reinvertir: en más promesas del extranjero y en fuerzas básicas.

Es casi un lugar común la visión del Porto de Portugal para hacer negocio en Europa como puerta de entrada desde América: Anderson, Freddy Guarín, Radamel Falcao, Hulk, James Rodríguez… han ganado más de 500 millones de dólares en los últimos 10. Años. Ahí juegan los mexicanos Herrera y Reyes. Ahí se quiere ir Raúl Jiménez.

Señores directivos del futbol mexicano, ya no se ganen tres pesos comprando bultos en sus fraudulentas transacciones. Ganen otro poquito más y, de paso, den algo de espectáculo con futbolistas que valgan la pena. Aunque sea por un par de temporadas. Inviertan en buenos visores, arriesguen algo de dinero. Sean un Porto mexicano. ¿O de plano no les da?

roberto.velazquez@milenio.com

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