Pelotazos

Marco Fabián y la pésima imagen

No había mayor póster del deporte internacional que Tiger Woods hasta que la muy conservadora y puritana sociedad estadunidense le obligó a retirarse temporalmente del golf profesional. No fue por hacer trampa, no fue por doping, no fue por apostar o por insultar o golpear a un contrario. Fue por ser infiel a su mujer, algo absolutamente personal, de su “vida privada” el término favorito de muchos futbolistas mexicanos cada vez que salen en los medios por asuntos extra cancha.

Ahora es otra vez Marco Fabián futbolista del Cruz Azul, a quien le tomaron unas fotos en un restaurante. Tal vez pudo haberse tomado una cerveza. Nada grave. Circularon algunas críticas en redes sociales, lo recuperaron algunos periódicos. Pero no pasó a mayores. Lo defiende su club, nadie le va a castigar.

Pero sigue el futbol mexicano dando bandazos entre la improvisación, el profesionalismo, los lloriqueos y linchamientos estériles.

No han entendido los jugadores que son figuras públicas, que viven de dar un espectáculo que exige una imagen. Ellos tienen que decidir si les conviene exhibirse en las revistas del corazón, si les gusta tomar en bares, si salen con artistas o le ponen el cuerno a sus esposas. Es su decisión, pero tiene repercusiones. Pueden ignorarlas, pero nada de llorar y quejarse. No son cualquier persona. Utilizan con toda tranquilidad su imagen para vender productos de belleza o lociones, que nada tiene que ver con su profesión, pero no les gusta que los fotografíen o que se metan en lo que ellos, deciden.

Hay cientos de jugadores profesionales en México que no sufren ninguna invasión de su vida privada, simplemente se cuidan. Hay otros como Fabián que son responsables de su pésima imagen. Aunque ya se porten bien, no se vale chillar.  

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