Pelotazos

Corte de caja para Julián

Querido hijo, acabas de llegar al mundo, eso le ha pasado a todos quienes leen esto. No parece nada excepcional, pero sigue siendo un milagro. Nos ha conmovido especialmente a tu madre y a mí que nacieras el día que se fue Gabriel García Márquez. Afectos íntimos que logra la literatura.

Nos emociona esperar el día que cantes a todo pulmón, que bailes hasta que te duelan los pies, que hagas el amor hasta que creas que te estás muriendo, que veas un cuadro y entiendas la realidad por un segundo y… para efectos de este espacio robado a una adorada y añeja sección de deportes: que grites ese gol del campeonato, el juego perfecto, el touchdown de la victoria.

Quiero que sepas que el domingo, tu primer juego, tu hermano Jerónimo y yo fuimos a CU y vimos un partido emocionante. Ganaron nuestros Pumas que calificaron a la Liguilla. Contra esas Chivas que pelearon con gracia y valor estético. Disfrutamos el deporte, la entrega reflejada de cada entrenamiento… la disciplina, la pasión.

Llegas a un mundo con atletas extraordinarios, de futbolistas como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. De Usain Bolt, Roger Federer, Tiger Woods y… como se llama tu madre… dos Paolas: Longoria y Espinosa. Al año del retiro de Derek Jeter. A una esperanza de tu padre de que el Liverpool (amado desde la cuna por la canción Fearless de Pink Floyd) y el Atlético de Madrid (la puerta de entrada de Hugo Sánchez y Luis García) ganen una Liga luego de muchos años. Prefiero la torta bajo el brazo en estos quereres que en el dinero.

Antes había escrito aquí sobre terribles pérdidas. Se nos fue tu tía Laura, la americanista que nos enseñó el fuera de lugar, y tu abuelo Roberto, quien nos hereda el amor al deporte. Ahora, celebramos la llegada de la vida como la contó García Márquez: “así es... —suspiró el coronel—. La vida es la cosa mejor que se ha inventado.”

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