Pelotazos

La Coca de Miguel Herrera

Nunca un director técnico de la selección nacional de futbol dirigió una Copa del Mundo y se quedó los próximos cuatro años en el banco para la siguiente. Ignacio Trelles dirigió dos seguidas pero después de Chile en 1962 lo despidieron y nombraron a Arpad Fekete. Trelles regresó un año antes de Inglaterra 1966. Javier Aguirre ya dirigió dos Mundiales pero no seguidos y en ninguno de los dos casos hizo todo el proceso de cuatro años.

Miguel Herrera es el primer director técnico en los últimos 20 años que no salió odiado o desquiciado tras una Copa del Mundo. Al contrario, podría alquilarse para fiestas infantiles o para dar pláticas en universidades. Ya dio todas las entrevistas que pudo y sigue siendo el protagonista de comerciales y promociones: la última es como parte de la exitosa campaña de Coca-Cola con una lata con el nombre El Piojo.

Antes del Mundial, ya se veía la sobreexposición de Herrera, era riesgoso, ante cualquier problema en la cancha le habrían acusado de estar distraído. Pero como todo salió relativamente bien, sus festejos en la banca fueron orgullo nacional y con la percepción de que: “no era penal”, pues quedó como héroe.

Registremos el fenómeno. Un éxito. Pero sigo pensando que falta muchísimo tiempo para Rusia en 2018. Muchos torneos, muchas complicaciones. Y ya no tendrá a lado a Ricardo Peláez. Las expectativas son muy altas.

Alemania festejó con todo el tercer lugar en su propia Copa del Mundo. Recuerdo muy bien la noche de fiesta en Dortmund cuando perdieron la semifinal contra Italia, y los festejos en Berlín, cuando fueron terceros. Estaban en un proceso a largo plazo, sabían que pasarían años para alcanzar sus metas. En México todo se juzga en un partido… en 24 horas. Hoy es el superhéroe de la lata de Coca; es Dios, mañana, puede ser candidato a dirigir en la Liga de Ascenso.  

 

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