Futbol al día

Dallas vs Raiders

Fue el jueves pasado en el AT&T de Dallas. No tengo palabras para expresar lo grandioso del evento. La pantalla que llega de la yarda 20 a la yarda 20 del campo y que tiene dos cuadrados en las esquinas para que la gente de atrás del gol de campo no deje de ver el colorido de las escenas.

Lo bien que la usan. Es un espectáculo de luz y deporte donde el seguro ganador es el público.

Nos fuimos desde muy temprano. Creo que fuimos los Robertos de la familia, cinco de los primeros 500 aficionados que entramos al estadio. Ya estaban entrenando los dos equipos.

Acostumbrado toda mi vida a ver los entrenamientos y ejercicios de calentamiento del soccer, me caí de la cama al ver a los de americano. Eso es calentar, no fregaderas. Una hora sin la intervención de los profesores de preparación física que les gusta mover la patita a sus dirigentes y hacer creer a la gente que saben de preparación.

En Dallas, ni los Vaqueros ni los Raiders tienen esos preparadores físicos encima a la hora de entrenar. Los ejercicios que les vi hacer nunca me imaginé ver a un ser humano hacerlo. Sigo esos momentos en el YouTube y veo lo que hacen los lesionados para su recuperación. Hay uno de Polamalu que asombra por cuánta cosa hace con el cuerpo en vías de recuperación. Los contendientes para un partido trabajan solos o cuando mucho con un compañero de equipo, pero no con un preparador en el campo. Solos saben lo que tienen que hacer para evitar esas lesiones que en el americano no aparecen y en el soccer son cada quince días.

No hay forma a la mano de expresarme para decirles que eso es otra cosa y que fuimos cinco Robertos de la familia, los afortunados en ser parte de una caravana de regiomontanos a los que les gusta lo bueno y fueron a Dallas a ver ese gran choque. Se me hizo uno de mis sueños y doy gracias a Dios por ello.

No sé por qué en mi país no se implanta ese deporte como el que todo México lo juegue. Ése sí es para formar hombres muy hombres.