De oficio reportero

El tramposo Carlos Fierro

La trampa como estrategia es deleznable. Ofende defender la marrullería excesiva con el tan común como vacío lugar de “es parte del futbol”. Y en estas artes, lastimosamente, Carlos Fierro se ha convertido en un Mandrake, ejecutor letal de la farsa y el engaño.

Todavía en las vías de la joven promesa de la que se espera muchísimo más, el atacante de Chivas se ha convertido en el símbolo de la bandera de la ineptitud arbitral. Los clavados de Fierro han llevado al extremo de sus capacidades a la peor generación de silbantes en décadas de nuestro país y los ha exhibido, haciéndolos comer de su mano con sus trampas.

Fierro se ha ganado en un par de jugadas tramposas el descrédito del medio futbolístico del país, el peor de ellos, por supuesto, el de sus propios colegas que a partir de ya lo ven como un hombre al que hay que tenerle cuidados extremos a la hora de marcar para que no te convierta en la inocente paloma blanca de su negro sombrero de copa.

Ese es el peor castigo para Fierro. No la suspensión de la Comisión Disciplinaria, no el dedo de la afición que lo señala como un jugador tramposo, tampoco el regaño de su directiva. No, nada de esto. Es el descredito de sus compañeros de profesión, la nula credibilidad en él, la penitencia a pagar por el atacante tapatío.

Cuando Érick Cubo Torres adoptó la trampa del clavado como su mejor estrategia, Chivas lo exilió a la MLS, lo que resultó un acicate para el delantero que hoy ha entregado resultados más que positivos. ¿Qué hará Jorge Vergara con Fierro? ¿Exiliarlo también? ¿A dónde? ¿Filipinas, Malasia, India?

Algo debe hacer la directiva del Rebaño, ignorar el tema sería su peor error. Aún se está a tiempo de que Carlos enderece el camino, que deje la trampa en el clóset y se ponga a jugar. Que bastante falta le hace a su club.

ricardo.magallan@milenio.com

twitter@rmagallan77