De oficio reportero

Las 'selfies' de Juan Carlos Osorio

Seductor, rollero, embarra saliva del balón, hoy Juan Carlos Osorio ha superado los días de violenta crítica, de escepticismo hacia su figura para ser introducido por la embelesada Santa Inquisición futbolera en una burbuja de protección.

Osorio susurró al oído, habló chulo y convenció a quien se dejó. Así que hoy nadie repara en que el colombiano decidió, a menos de una semana de ser nombrado como director técnico de la selección nacional, imitar una de las acciones más criticadas a su pintoresco antecesor, el vapuleado Miguel Herrera: viajar a Europa bajo el argumento de hablar con los jugadores mexicanos que militan en clubes de aquél continente.

El Piojo Tour, como se le bautizó, fue un despilfarro de fondos de la Federación Mexicana de Futbol, una gira absurda, obsoleta para fines laborales y productiva para echar el café, tomar el vinito, turistear y comer como rey. Y, por supuesto, para dar rienda suelta a uno de los placeres más profundos de Miguel Herrera: selfies por aquí y por allá.

¿Qué ofrece de diferente el Osorio Tour? ¿De verdad hacía falta que el colombiano cruzara el mundo para irse a tomar un café con los jugadores mexicanos que andan por allá? Claro que no.

Nada que un telefonazo, un mail, un Skype no pueda solucionar. Los viejos leones mexicanos que andan por Europa no se cuecen ya al primer hervor. Una charla más o menos con el técnico nacional no los hará mejores o peores futbolistas, ni a Osorio el mejor timonel del mundo.

Al igual que la de Miguel Herrera, la gira europea de Osorio solo sirve para la foto, para vender la imagen de un técnico interesado en estar en la primera línea de comunicación con sus jugadores, de un hombre chambeador. No hacía falta que el colombiano viajara para dar muestras de ello, de verdad.

Puro blof, pura pose. A ver con cuántas selfies regresa el señor Osorio. 


ricardo.magallan@milenio.com
twitter@rmagallan77