De oficio reportero

De oficio reportero

LO BUENO

1. A la Liga le ayuda, y mucho, que América regrese al triunfo más allá de odios, simpatías y pasiones. Las Águilas son un básico de nuestro futbol y era necesario que volvieran a recordarlo ganando.

2. Más urgente para Daniel Guzmán que para Xolos era el triunfo ante Santos. El técnico llegó a Tijuana en medio del marco de la duda sobre su capacidad tras varios intentos fallidos. Lo del viernes le permite pisar firme.

3. Y qué importa que haya sido ante uno de los peores equipos de la Liga, para Pumas, ganar de tres, es un lujo que se debe dar cuando se le presentan oportunidades así. Los felinos, por lo menos, van alcanzando orden. Hay avance.

4. Atlas está jugando bonito, es efectivo, pelea Liguilla y todo esto sin perder la mística que este equipo ya trae incluida en su ADN. Equipo guerrero que le pega por igual a chicos o grandes.

5. Nada tan agrio como querer restar mérito a la actuación de Javier Hernández en su debut goleador con Real Madrid. Este hombre es historia, acábenlo, búrlense, pero eso ya nadie se lo quita. Su nombre es ya eterno.

LO MALO

1. Sigue temblando la mano para parar en seco a escuincles envalentonados en el anonimato de la masa. Lo de Morelia es bizarro. Ver festejar a un puñado de imbéciles por golpear a guardias, duele.

2. En Morelia están equivocando el blanco de los reclamos. Jugadores y cuerpo técnico guardan una mínima responsabilidad del desastre que es la franquicia. Los villanos, los reales, están en Atlas, de directivos.

3. Y Santos regresó a las andadas. No es el simple hecho de perder, sino el cómo. Ahí es donde los de Torreón volvieron a decepcionar, a dejar dudas sobre si el protagonismo será, otra vez, carta de presentación de los de Caixinha.

4. Un resfriado hace más daño que la UdeG. Los universitarios no muestran condiciones de Primera División y sirven de escalón para sus rivales. El descenso, así como están, está garantizado.

5. Que a Cruz Azul le cueste tanto meter gol ya no es cosa de mera mala suerte, tiene que ver con falta de capacidad de sus jugadores. Un equipo no se puede jactar de ser grande si no cuenta con matones de terror en sus líneas.

 

ricardo.magallan@milenio.com

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