De oficio reportero

La mexicana, ¿afición de clase mundial?

A pesar de Juan Carlos Osorio, el próximo viernes la selección nacional vivirá una fiesta en su casa, el estadio Azteca, cuando concrete de manera oficial su pase al Mundial de Rusia 2018.

Y vendrán, como cada cuatro años, los aires envalentonados de que ahora sí el quinto partido será una realidad y clamarán a Osorio como el hombre que llegó a estas tierras putrefactas montado en caballo blanco a colonizar y mostrarnos la luz del camino al balompié del primer mundo. La historia ya conocida que termina, siempre, en falacia.

El trámite, pues, dirá que México (su selección) es de clase mundial. Pero, ¿y su afición? ¿Esa también es de clase mundial?

¿Se puede considerar afición de clase mundial a aquella que en el insulto, en la intolerancia, ve el folclor y, lo peor, hasta parte de nuestra cultura? ¿A quien le divierte gritar a todo pulmón ¡Puto! al rival se le puede llamar aficionado?

¿Se puede considerar de clase mundial a una afición que confunde el futbol con la patria y al técnico nacional y sus jugadores con héroes históricos? Porque en este país al que critica a la selección nacional y sus integrantes lo acusan de apátrida.

¿Se puede considerar de clase mundial a una afición que arrastra sus frustraciones, sus resentimientos a la tribuna de un estadio y la convierte en campo de batalla, generando pánico y alejando a las familias?

¿Se puede considerar de clase mundial a una afición que finge amnesia cuando de recordar resultados frente a selecciones de REAL primer mundo y que, al mismo tiempo, sale disparada a brincar y correr alrededor del Ángel de la Independencia para festejar un triunfo ante Panamá?

¿Se puede considerar de clase mundial a una afición que se niega a evolucionar, que sigue atorada con los fantasmas de décadas pasadas, y culpa de todos los males del futbol mexicano a Televisa mientras se toman una caguama viendo La Voz México?

Festejen aficionados de clase mundial. Griten, lloren, brinquen. La selección nacional estará en Rusia. Lo demás, qué chingados importa.

ricardo.magallan@milenio.com •  twitter@rmagallan77