De oficio reportero

Maten a Nahuel

Maten a Nahuel, sí, denle con todo. Acaben con él.

Maten a Nahuel por ser pieza clave en los dos últimos títulos de Tigres. Y cuando me refiero a clave no hablo del lugar común de siempre, si no de la figura de un hombre que, con lo que hizo en la cancha, no solo con la pinta, puso la balanza a favor de su equipo.

Maten a Nahuel, al fin hay mil y un futbolistas más a los que no les tiemblan las piernas ni se les caen los calzones para robarle el protagonismo a esos a los que nos han obligado a decirles "grandes". Arrebatar la gloria a los vencedores de leyenda, vaya gloria.

Maten a Nahuel porque en CU se convirtió en un dragón de mil cabezas y detuvo absolutamente todo de lejos, de cerca y enfrente de su cara, desde los once pasos.

Maten a Nahuel porque en diciembre pasado, mientras Tigres levantaba el trofeo de campeón en su cancha, ante su gente, en fiesta total, ya nadie se acordaba que, minutos antes, el guardameta había tenido acciones bárbaras bajo sus tres palos, fundamentales para evitar que América se les escapara en el marcador.

Maten a Nahuel porque líderes como él sobran en Tigres y en el futbol mexicano. El argentino no solo cumple con el molde del guía gritón, que manotea y aprieta. Es ejemplo para sus compañeros, es arrojado, pero también la cueva de seguridad para su equipo.

Maten a Nahuel por llamar la atención en su selección nacional, en un país que tiene arrojados por todo el mundo arqueros como discos de tango.

Maten a Nahuel por ser músculo de un equipo de época, no de Nuevo León, sino de toda la historia del futbol mexicano. En un cuadro plagado de figuras, las responsabilidades parecieran repartidas. Lo de Guzmán es casi paternal.

Maten a Nahuel, acúsalo de comerse dos goles en plena final. Pide su cabeza si quieres. El futbol da y quita. Y este infame vino a fallar a la hora buena.

Maten a Nahuel, sí, denle con todo, Acaben con él. Demuestra que eres el peor aficionado del mundo.

ricardo.magallan@milenio.com · twitter@rmagallan77