De oficio reportero

“El amor a la camiseta” es para pendejos

Le pregunto, ¿y usted, por qué trabaja? Piense bien la respuesta. No responda lo primero que le venga a la mente. ¿Ya? Ok. Si su respuesta fue “por dinero”, lo felicito, es usted una persona que tiene la honestidad como su mejor credencial.

Y es que lejos de los idealismos rosas, de los sueños inspiracionales y los motivos dulces hay una realidad, cruel, sí, como suele ser la realidad: todos, sin importar profesión, trabajamos para ser recompensados con dinero. Lo demás, ya es un agregado. El que diga lo contrario, miente.

Carlos Vela es la nueva víctima de la carnicería moralina impulsada por algunos que insisten de manera absurda en conceptos tan vagos como “el amor a la camiseta”, “el crecimiento profesional”, para reprocharle al atacante de la sonrisa eterna de “mercenaria” su decisión de irse a jugar a la MLS y abandonar España para asegurar su vida con un jugoso contrato en la Liga estadunidense.

Les tengo noticias a esos ridículos: “El amor a la camiseta”, “el sueño europeo”, también son conceptos concebidos en la misma incubadora “mercenaria” que tanto critican, lugares comunes creados por una mente maestra que, urgida de llevar billetes a su bolsillo, rascó en sentidos y urgencias de pertenencia e identidad para acarrear incautos a su molino.

Carlos Vela, como lo hicieron también los hermanos Gio y Jonathan dos Santos, hicieron lo que cualquiera, en su sano juicio, hubiera hecho: ir a donde le paguen mejor, asegurar su patrimonio, atiborrarse los bolsillos.

¿A quién daña? ¿A quién roba? ¿Qué ley rompe? ¡Ninguna! Vela simplemente está recogiendo la cosecha de una carrera brillante por Europa. Obvio, para los ácidos, hay que tener arrugas y canas para poder tener derecho a eso. Qué equivocados. Qué ancestrales. Carlos es objeto de la histeria moralina por un solo motivo: envidia. Él logró ya lo que muchos deseamos y no podemos.

Ya, señores. Dejemos los lastres morales y reconózcanlo. TODOS trabajamos por dinero. Díganme mercenario (o a Vela y los Dos Santos), pero el “amor a la camiseta” es para pendejos.

ricardo.magallan@milenio.com
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