Contragolpe

Tragedia, angustia y decepción

Es difícil sustraerse a los acontecimientos de la semana. Insoslayable no percibir sensaciones de distinta índole, la más recurrente de impotencia de no poder hacer nada mientras observábamos como caían edificios y casas con personas dentro. Lloramos y nos sumamos a las plegarias de quienes estaban en el lugar de los hechos. Diría alguien: ante un hecho de esta naturaleza, no somos nada. Pero…algo se puede hacer para prevenirlo. Nada, absolutamente nada. Los sismos no avisan, responderían los científicos. No obstante, los momentos posteriores fueron los más emotivos cuando la sociedad civil se sumó espontáneamente a las labores de rescate. Fueron los primeros en apuntarse dando una muestra de unidad. Esas imágenes recorrieron el mundo entero. Lo importante es ayudar desinteresadamente sin distingo de clases. De los oportunistas ni viene al caso. La historia los condenará. Sin embargo, rescato el importante papel de los medios de comunicación, sobre todo, aquellos compañeros y compañeras que se han partido la madre sin escatimar esfuerzos. Para ellos mi total reconocimiento. Como reconozco las iniciativas de los deportistas, las personas de la farándula, de todos en general, aunque pondero a todos los héroes anónimos, aquellos que ayudan y aportan sin exhibirse mediáticamente. Aquí aplica la frase: “dar sin recibir nada a cambio”, ni siquiera la maldita foto. Con relación al caso de Frida Sofía rescato este maravilloso texto de Esther Vargas del portal Clases de periodismo: “Las salas de redacción estaban fascinadas con la historia de una esperanza. Frida Sofía era tendencia en redes sociales, era un tema que unía a los mexicanos y latinoamericanos y que daba ráting. No es la primera vez que ocurre en coberturas de estas dimensiones. Lo grave es que los jefes de redacción y los editores, aparentemente, dejen solo a sus reporteros en la zona devastada en lugar de cruzar la mayor cantidad de fuentes para dar con datos más cercanos a la realidad. Pero es fácil juzgar desde aquí: recordemos que esos periodistas también afrontan situaciones de estrés por la tragedia. Tengo colegas que han visto perder a sus amigos, que tienen sus barrios devastados y sus casas como escenarios de una catástrofe. Así, en esas condiciones, han estado trabajando. No es cosa de justificarlos. La emoción se impuso al rigor en circunstancias de extrema sensibilidad. Se necesita ‘cabezas frías’ para estos hechos. Pero antes de tirar la piedra podrías ponerte en los zapatos de quienes sí están en las calles de México cubriendo este desastre”. Perdón por no hablar de los deportes. México y su gente es mi tierra y agradezco mucho a compañeros de otros países que se preocuparon por nuestra situación

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