Contragolpe

Por aquellos tiempos de 1974

Ahora que regresaron los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara recuerdo que por julio de 1974 apenas tenía la inquietud de incursionar en el periodismo deportivo, cursaba el bachillerato en la legendaria Preparatoria de Jalisco. Me acuerdo que el día de su presentación en el Estadio Jalisco nos preparamos varios compañeros para asistir a su debut como locales, eso  fue un miércoles 17 de julio de 1974. El encuentro fue contra el Veracruz y perdieron en un emocionante partido por 2-3. Por aquellos tiempos todavía existían los cines tradicionales como el Metropolitan que exhibía “Los Puños Mortales” y “El Boxeador ciego”, el cine Avenida presumía “Los Leones del Ring”. Ese día preferimos aguantarnos de ir al cine para asistir al Estadio Jalisco que abriría sus puertas a las 20:45 hrs. Los precios eran de $25 en la zona A, $15 en zona B y $6 en la zona C. Damas y niños en zona A $12 pesitos. Puntuales llegamos al partido pero antes nos preparamos con los lonches de mole, agua fresca y los cacahuates. Llovía, las gradas y la cancha estaban mojadas. Fue un partido atractivo con buenas jugadas pero desafortunadamente el portero de los universitarios, René Vizcaíno, salió de malas. Los tiburones anotaron el primer gol por conducto de Juan Carlos Cárdenas luego de que aprovechó un resbalón de Nacho Gómez. La Universidad de Guadalajara empató por la vía de la pena máxima bien cobrada por el delantero uruguayo Toro Gómez. Así se fueron al descanso con empate a uno. Para la segunda mitad de nuevo Juan Carlos Cárdenas aprovechó un regalo del arquero Vizcaíno para conseguir el tanto de la ventaja.  Por el 75’ Belisario López lanza un disparo fuerte raso y colocado que el portero “escupe” para que llegue el Toro Gómez y empate el partido  ante la desbordante alegría de los aficionados. En tiempo agregado, listos para irnos con el sabroso empate viene una desafortunada jugada para el defensa Jorge Gómez quien anota en su propia portería que le dio el triunfo a los visitantes. “Chin, perdimos”, me dijo mi compañero de aula Javier Verdín. Pero fue un partidazo le repliqué. A pesar de la derrota de 3-2 nos fuimos contentos por el espectáculo pero también con miedo porque íbamos a llegar tarde a la casa. Nos esperaba, por lo menos, una regañada. Desde ahí quedé fascinado por el futbol de la Universidad de Guadalajara. Fue un momento importante para nuestras vidas porque ya teníamos un auténtico equipo de nuestra casa de estudios. Nos identificamos de inmediato.

 

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