Contragolpe

Tiene que ser un sindicato de futbolistas

Como agremiarse en un futbol mexicano si no existe conciencia de clase. El jugador nacional es individualista por naturaleza. Cuando busca la unidad es porque algo le duele y porque se siente afectado en sus bolsillos. Lo anterior viene a cuento por las manifiestas inquietudes gremiales de Rafael Márquez expresadas durante la semana. Sin embargo, el mandamás del Atlas tendrá que asesorarse muy bien antes de dar los primeros pasos, sobre todo, debe informarse que los intentos gremiales de los jugadores han fracasado históricamente en México desde 1971 hasta la fecha. Cabe recordar que la primera asociación de jugadores se integró en ese año con Antonio Mota Romero, como Secretario General; Gregorio Villalobos Espinoza, de las Chivas como Secretario del Interior, Armando Magaña, Secretario de Actas y Acuerdos y Carlos Albert  como Secretario Tesorero. Dicho organismo se organizó prácticamente con futbolistas del Necaxa, Guadalajara, Atlas y Atlante. La Asociación Sindical de Futbolistas Profesionales funcionó y cuando estaba en su mejor momento comenzó la represión, prácticamente corrieron a todos los integrantes del Comité Directivo y éstos recurrieron a la huelga, para presionar a los directivos. En octubre de 1971 se colocaron banderas rojinegras en las porterías de las canchas del Necaxa, en las de Ciudad Universitaria en el Distrito Federal, del Guadalajara y del Atlas, con lo que se decretó oficialmente el paro. No obstante, en las semanas siguientes, las represalias por parte de los dueños y federativos fueron más enérgicas, y consiguieron que muchos futbolistas desertaran del sindicato, hasta que fueron pocos los miembros y se diluyó la Asociación Sindical de Futbolistas Profesionales de la República Mexicana. Una vez más apareció la traición y la falta de unidad. El segundo intento de asociación fue en 1992 luego de un manifiesto de Javier Aguirre y Sergio Lugo durante los trabajos del Coloquio Comunicación Deporte y Sociedad en la Feria Internacional del Libro en 1991. Esta asociación poco funcionó y se diluyó en el 2001 ante la falta de unidad de los jugadores y ante las amenazas de los directivos. En la actualidad existe un bodrio llamado Comisión del Jugador que poco o nada sirve. Rafael Márquez tiene un reto mayúsculo porque al margen de todas las irregularidades que existen en el futbol mexicano con respecto a los jugadores lo más importante es la unidad; el pleno convencimiento de que un sindicato es la única alternativa para lograrlo. Cualquier intento distinto será un fracaso, es decir, no dejará de ser una calentura mediática. Al balompié nacional le hace falta por las implicaciones sociales que proyectará. Ojalá. Pero lo dudo.

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