Contragolpe

En memoria de un amigo del barrio del Retiro

Mis amigos del barrio, el Roñas, Tomy y el Balacera, me dicen el Chipilín, según eso porque nunca voy a crecer. Me encuentro tirado a media calle, tengo sangre en los oídos, no respiro y mis ojos se dirigen hacia el cielo. Estoy muerto, me siento en la gloria porque los ángeles me acaban de tomar de las manos. Me llevan con rumbo desconocido. Siempre había anhelado un balón. Era mi sueño y por más veces que se lo había pedido en la Navidad al Niño Dios, nunca me lo trajo. Mi mamá me decía que el Niñito Dios se olvidaba de los jodidos. Yo quería ser como Javier Cabo Valdivia, como Nacho Calderón. Nunca me dieron chance, siempre escogían a los mismos, los hijos de los directivos. Crecí en el barrio del Retiro, cerca del Estadio Jalisco. Viví en la casa de cartón que construyó mi Jefa, doña Mary, en el baldío de los Lomelí. Nos daban permiso porque mi Jefa les hacía el quehacer por las mañanas, ya que por las tardes lavaba y planchaba para los riquillos de la Colonia Independencia. A cinco pesos la docena que apenas alcanzaba para los frijoles, el pan, la leche y las tortillas. Yo ni tiempo de ir a la escuela, apenas aprendí a leer y escribir, desde chiquillo me iba al Mercado Alcalde para cargar canastas. Siempre me apuraba porque en la tardes se armaban los partidos de cuadra contra cuadra. Nunca dejé de jugar porque el Balacera decía que yo era bueno para los goles y para los madrazos, él siempre repetía que no había chaparro que no fuera maldito. Y por más que le chingaba en el Mercado Alcalde nunca pude juntar para mi balón. Recuerdo que escribía mi cartita con la ilusión de que el Niño Dios me trajera el juguete soñado. Hoy me había levantado con la esperanza del balón, pero mi zapato estaba solo tenía un bolo de dulces. Desde hace dos años se los regalo a los borrachitos de la esquina. Cuando fui a llevárselos, el Chilaquil de sus viejas ropas sacó una pelota nuevecita y me dijo: "permíteme, hoy el regalo es de nosotros". La besó, me la dio en las manos: "sueña Chipilín que estás en el estadio". La tomé y me fui a dominarla. En eso estaba cuando al cruzar por las calles de Alejandrina y Torres Quintero, de pronto ya no supe de mí. Tirado en la calle, supe que un camión me había matado cuando dominaba el balón soñado".

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